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martes, enero 12, 2016

Una de las tragedias ocasionadas por la escasez de apio

Por Antonio Flores Schroeder

Cuando doña Lencha se dio cuenta de la escasez de apio en la ciudad, pensó que era el fin del mundo. Fue con el cura a las 10:00 aeme y se confesó (ni siquiera era católica). Al salir de la iglesia se desplazó más rápido que un correcaminos y se dirigió al trabajo de su esposo. Ahí, frente a la secretaria, el barendero, la enfermera y una prostituta, le reveló cuántas veces le había sido infiel. También le dijo todas esas cosas acerca de la zoofilia y necrofilia que por supuesto, de acuerdo al reporte del médico, no fueron las causantes de la muerte del hombre más sano de la colonia. Después de eso la mujer se olvidó de la falta de apio (aunque solo por dos días) mientras obtenía el certificado médico de defunción, la inscripción de la defunción en el Registro Civil, la licencia de autorización expedida por la misma dependencia, certificado de actos de última voluntad y de seguros, una copia del testamento del notario y otros trámites para la obtención de la pensión.

El día en que la falta de apio en la ciudad fue un problema

Por Antonio Flores Schroeder

Hay una escasez alarmante de apio en los supermercados de la ciudad. El alcalde ha llamado a rueda de prensa para tratar de anestesiar el descontento social. El Ejército fue sacado a las calles (otra vez) y el Congreso local tendrá esta tarde una sesión extraordinaria para abordar la problemática. Los estudiantes planean un movimiento junto a los obreros. Toda la ciudad agitada.