miércoles, diciembre 24, 2014

Estación Invierno 4, 2014

Antonio Flores Schroeder

Hoy encontramos al fondo de la cueva el agua bendita derramada, el ruido del vuelo de las aves intentando salir a la superficie, las fotografías en blanco y negro tomadas desde el avión rumbo a Madrid mientras alguien escuchaba en sus audífonos canciones de Black Sabbath, los (des)encuentros literarios en la Revolución de Tijuana, laberintos de madrugada en el horno de San Luis Río Colorado y aquella charla con una prostituta en una barra que nadie conocía junto a los recuerdos de una noche en Beirut antes de que los poetas adoloridos gritaran en París. También las estrellas en el mar de una mujer en una noche sin fin.
Estación Invierno 3, 2014

Por Antonio Flores Schroeder

Me reconozco más en medio del dolor que frente a un espejo. Esa es la verdad. No tengo nada más que decir en medio de este frío que carcome los huesos.

lunes, diciembre 22, 2014




Estación Invierno, Día 2, 2014

Antonio Flores Schroeder

Después del aire roto de anoche, hoy al amanecer seguí el camino de luces del lecho en que soñaba y regresé por ósmosis al lugar del café de hace cuatro meses. Nada había cambiado, ni siquiera el sabor de los cigarros ni las horas del desvarío. La única diferencia es que no era domingo sino lunes y parecía que las paredes se derrumban sobre mis hombros. Tuve que levantarme cuando vi mi reflejo desbaratarse en la ceniza mientras un fantasma incendiaba nuestras voces, los murmullos, los lentes oscuros de la otra vez y las esperanzas planetarias dentro de tanta locura.
Estación Invierno, Día 1, 2014

Antonio Flores Schroeder

Hoy fui a darle de comer a las palomas. Me sentí cerca de Dios en medio de tanta gente, aunque al principio preferí darle la espalda mientras reunía cada uno de los recuerdos que aún tengo del frío extremo de IOWA. Aquí la vida va de prisa con sus camisas de fuerza y lentes oscuros. Las palomas caminan y se hacen pasar por humanos, eso es lo que esas aves creen que nosotros creemos. Trato de comportarme como una persona que le gusta el invierno y sonrío cuando me ven directamente a los ojos. Así sucedió con el último policía municipal que intentó robarme 200 pesos, al salir de un bar que tal vez sólo está en mi imaginación. El agente se enojó y me dijo que caminar parado de manos era una falta administrativa. Como yo reí, no le quedó otra que sacar de la patrulla el cochinito de barro donde almacenaban el pan de cada día. Al final del domingo el viento del invierno se agolpa en mis oídos, se estrella contra la ventana y lo único que salvó el día fue un albondigón en casa de Tere.