viernes, septiembre 19, 2014

Hambre

Por Antonio Flores Schroeder

Monchis no sólo se comió todo lo que había en el refrigerador de la casa de sus papás, también la mesa, dos sillas, una pared de la cocina, media puerta de la alacena y los tres sillones de piel. Por fortuna nuestra y de ustedes su hambre no fue igual a la que le azotó durante aquel vuelo México - Buenos Aires.

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