viernes, septiembre 19, 2014

El perro Blanco de San Lorenzo

Capítulo IX

Por Antonio Flores Schroeder

Marcela era una mujer delirante. A veces la sonrisa, sus ojos de universo, algunas noches su tatuaje en el pie o sus recuerdos infantiles de la tortillería; yo la veía caminar de la mano junto a Damián, un niño con la mirada extraviada, naufragaban de la iglesia a la plaza siempre en busca de nada. Ella dormía en las banquetas junto a las palomas y sus alas.

Una tarde de soles ausentes, le contó al taxista que siempre había temido a Don Cayo, el hombre gris que rondaba la zona como fantasma de otra historia. 

-¿Por qué le tienes miedo?

La pregunta una hoja amarilla árbol que flotaba y caía junto a los caminos hechos por las hormigas. El taxista buscó en los bolsillos de su pantalón una respuesta y de pronto Marcela y Damián, ya no estaban ahí.

El Cholo con su balde lleno de agua sucia, llegó cansado de lavar autos de los reporteros del periódico y de algunos (in)fieles del santuario de San Lorenzo.

-¿Ya estás hablando solo otra vez? —cuestionó el lavavarros,

-No, aquí estaba Marcela.

-¿Marcela?

-Sí, aunque no lo creas, aquí estaba sentada con Damián, su hijo.

-Es que siempre me dices lo mismo, pero nel, no te voy a creer, carnal. ¿Ya viste que el padre anda reencabronado porque no ha visto al perro blanco? —lanzó El Cholo una pregunta envenada.

-Tengo tiempo que no lo veo. No está ni en la tortillería, ni en los caldos. 

-Es que ya murió, pero nadie me cree.

-Pinche cholo, siempre con tus mamadas. El perro andaba aquí ayer a toda madre, como todos los días. Ha de estar descansando, ni que los perros no durmieran.

-Lo que pasa, carnal, es que siempre quieres acomodar las cosas de acuerdo a tu realidad, pero no entiendes que hay otras realidades.

-¿Otras realidades? Ve y dile esa tontería al padre para que te descomulgue, mamón.

Las campanas del santuario de San Lorenzo sonaron. En el estacionamiento del recinto católico, el cura no dejaba de buscar con sus binoculares al perro blanco. Era la hora de cenar.

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