lunes, junio 03, 2013

Refugiados en el arte

Jacob Lenin Cárdenas / Crédito de imagen: NORTE de Ciudad Juárez.


El hip hop
le salvó la vida


Por Antonio Flores Schroeder

(Segunda de tres partes)
Su vida parecía perdida. Después de su paso por las drogas y el asesinato de su hermano hace cuatro años, Jacob Lenin Cárdenas no encontraba la luz.
Al igual que algunos otros cantantes de hip hop, hoy se refugia en el arte y está seguro que a través de la cultura Ciudad Juárez puede alejarse de la violencia y la oscuridad.
“Yo empecé a los 16 años a hacer música Hip Hop. Mi hermano Luis Cárdenas que fue asesinado en el 2009, también era compositor, allá por los años 1997 ó 1998, creo que por ahí inicié”, relata Jacob.
En ese tiempo Luis estaba “prendido” de la heroína. Al igual que Jacob, tenía muchos problemas a causa de las adicciones.
“Utilicé al hip hop como un salvavidas para ayudarnos mutuamente. Después, con su muerte, me metí aún más, yo digo que fue una especie de fuga ante el dolor por el que pasaba”, añade el músico de 22 años.

Salir del infierno

Una mañana que Jacob se levantó y se vio en el espejo, se dio cuenta que además de hacerse daño, también se lo hacía a su hija y a su pareja.
“La muerte de mi madre y de mi hermano fueron muy fuertes. Yo también andaba mal, con malas compañías, malos hábitos y muchos vicios”, reconoce.
El infierno en el que se encontraba, donde inclusive llegó a participar en asaltos, lo hizo reflexionar.
“Me hacía sentir bien haciendo maldades a la gente, yo asaltaba personas en la colonia y me metí en muchas broncas innecesariamente”, recuerda con tristeza.
Ni siquiera podía ver a su hija, porque se lo tenían prohibido. Sus constantes estados alterados de conciencia estaban poniéndole punto final a su vida.
“Con el hip hop me pude expresar, cosa que no podía hacer con un profesor de la preparatoria o con mi familia y menos con mis amigos. Yo no me podía abrir porque temía que me fueran a agarrar de bajada y creyeran que era un cobarde”, dice.
El desahogo a través de la música utilizado como autoterapia, fue quizá, lo que lo salvó de correr con la misma suerte de su hermano, a quien hoy no deja de extrañar.

Proyección en sus letras

Para Jacob, su música necesariamente es un reflejo de su vida y una forma de proyección casi fotográfica. Eso lo supo porque hoy estudia la Licenciatura en Psicología.
“Más que nada trato de resolver conflictos conmigo mismo por medio del arte, esos miedos, represiones y anhelos. También plasmo cómo me afectan algunas cosas externas como la discriminación y la violencia”, explica.
La autocrítica es muy común en sus letras, reconoce, pero también con ellas trata de concientizar a quienes lo escuchan para que sepan que hay una vida más allá de las drogas y el pandillerismo.


Cultura contra violencia

Jacob es otro de los músicos que apuesta por el desarrollo del arte como vehículo más seguro para transitar de la violencia a la paz.
“El arte y la cultura, son una herramienta para resolver los problemas que tiene nuestra frontera”, dice.
Para probar lo anterior, pone como ejemplo lo que sucedió en el “Puente al Revés”. El año pasado participó en el primer mural que se elaboró ahí, en el que le pidieron al gobierno dotar al a ciudad de espacios públicos seguros y limpios. 
Jacob y algunos otros jóvenes que participaron en el mural, aseguran que gracias a la obra mucha gente que circula por ese sector reflexionó acerca de esa exigencia.
Eso habría motivado a que las autoridades promovieran la creación de otro mural.
“Realizaron uno donde nos respondieron con ‘una ciudad limpia por dentro y por fuera’. Lo que nos quisieron decir, fue que si nosotros no teníamos una mente limpia no podíamos pedir una ciudad con más oportunidades…”.
Más allá de las posibles interpretaciones acerca del segundo mural, Jacob apuesta por la creación artística como un medio de entendimiento, en el que las personas pueden pensar de manera independiente.


Cerca de su barrio

Jacob vive en la Chaveña, ahí enseña a niños y adolescente algo de lo que ha aprendido. 
“Yo observo muchos cambios cuando vas conduciendo a las nuevas generaciones, empiezan a tener pensamientos positivos y poco a poco se alejan de la posibilidad de adentrarse en algún grupo criminal”, describe.
El desarrollo artístico en Juárez no es suficiente, cree el cantante, debido a que falta invertir en los talentos.
“Lo que yo observo es pura mercadoctecnia para decir que sí están haciendo cosas, pero en realidad no”, agrega.
Observa que el apoyo al arte en esta ciudad, es mucho más visible entre la sociedad civil.
Hay mucha gente, afirma, que lo hace por amor al arte y por un compromiso con la ciudad.
“Si las autoridades de Juárez apoyaran estas actividades más, se ahorrarían muchos problemas en las calles, ayudarían a que la gente se empezara a preocupar por su entorno, por sus colonias”, finaliza Cárdenas, el cantante de hip hop que casi lo perdió todo y hoy está de pie.



Mago Game Over / Crédito de imagen: NORTE DE CIUDAD JUÁREZ


Refugiados en el arte


Por Antonio Flores Schroeder
 
(Primera de tres partes)
Los tres están refugiados en el arte. Luego de vivir experiencias de adicciones que los mantuvieron al borde del precipicio y haber perdido a seres queridos en la “guerra contra el narco”, encontraron su salvación dentro del hip hop.
Juan Salvador Lara, Juan José Argumedo y Jacob Lenin Cárdenas, reflejan en sus canciones no sólo dolor, sino llaman a la ciudadanía a rescatar los espacios públicos y los valores de la familia.
Ninguno quiere que se repita la historia negra de Ciudad Juárez. ¿Qué dicen sus letras?, ¿qué los impulsa a seguir por el camino del arte, pese a haber vivido en el “infierno” por muchos años?, ¿qué piensan de la ciudad?
NORTE entrevistó a los músicos para conocer cómo han superado esas decenas de obstáculos a base de amor y trabajo social. A partir de hoy se publica la primera de tres partes de este reportaje.
 
Entre violencia y drogas
 
Juan Salvador Lara llegó a Ciudad Juárez cuando tenía 8 años. Procedente de Culiacán, Sinaloa, experimentó en carne propia la falta de oportunidades y el abandono social que vivía la frontera.
“Mago Game Over”, como se le conoce en el mundo del hip hop, se perdió durante la adolescencia en los oscuros laberintos de las drogas y el pandillerismo.
Once años después de haberse salvado de las adicciones, está convencido de que el arte y la cultura son una herramienta poderosa para rescatar el tejido social juarense.
Pese a que la vida le ha jugado a veces mal, como hace dos años cuando la madre de su hijo fue asesinada en un convivio, es uno de los artistas urbanos que lucha porque no se vuelvan a repetir los mismos errores que llevaron a Juárez a su peor crisis social y de inseguridad.
“Empecé escribiendo algunos pensamientos, algunas frases, cuando yo tenía 12 años. Plasmaba todo lo que yo vivía en esa época de mi vida”, recuerda el cantante de 32 años.
En ese tiempo vivía en la periferia de la ciudad. La falta de oportunidades y las condiciones en las que se desenvolvía, quedaron plasmadas en esas primeras líneas en las que, de vez en vez, se asomaba la poesía.
Al mismo tiempo que se inmiscuía en peleas callejeras y era abrigado por grupos pandilleriles, crecía la inquietud por escribir.
Después de cambiarse a vivir en zonas con menos carencias, pero igualmente problemáticas, se interesó por la métrica tras escuchar a varios músicos de este género en los que se reflejaba su dolor.
“El hip hop es un género de música que me ha servido para expresar mi descontento con lo que ocurría y ocurre en Ciudad Juárez, era también una forma de irme sacudiendo la pubertad para entrar en una etapa reflexiva”, añade.
Antes de entrar de lleno a la música y al activismo cultural, “Mago Game Over” fue arrastrado por las drogas y la violencia en los barrios. Las balas y la heroína eran un lugar común para él y todos los que lo rodeaban.
“Muchos de mis vecinos, amigos de otros barrios, se fueron muriendo abatidos en esa guerra entre pandillas”, indica.
A los 21 años, decidió dejar las drogas porque si no, se iba a morir.
Para Lara el peor momento de su vida lo experimentó hace dos años, cuando la madre de su hijo fue asesinada en un convivio.
“Ese fue el golpe más bajo que me dio la vida. Yo pienso que era un cheque en blanco que tenía que pagar por todo mi pasado, aquella violencia de la que yo era parte…”, se lamenta.
Y va más allá. Esa noche, como en muchos otros sucesos violentos de la ciudad, hombres armados ingresaron a una fiesta y rafaguearon a un grupo de personas. Una de las balas terminó en la frente de su mujer.
“El dolor que sentí con su asesinato, me impulsó a seguir adelante, a aferrarme todavía más a la vida y a las cosas positivas, a seguir escribiendo y enfrentando la realidad como debe ser”, expone seguro de sí mismo.
Después de ese triste episodio, lo asaltó un bloqueo mental. La inspiración se le evaporó.
“Llegué a asquearme de la ciudad. Todas las mañanas al levantarme me reclamaba frente al espejo todo ese pasado lleno de violencia del que yo alguna vez formé parte, me reclamaba a cada momento porque en el fondo sabía que era un pago, la vida me estaba cobrando una cara factura”, manifiesta.
Durante algunos meses Lara sintió que la culpabilidad lo ahogaba porque estaba seguro que había puesto su granito de arena para alcanzar el nivel de violencia de los últimos cuatro años.
“Era un cargo de conciencia muy fuerte. Por eso en mis canciones, en mis letras, hay tanta repugnancia contra la violencia, la delincuencia, la injusticia y la impunidad”, relata.
En el hip hop de “Mago Game Over” se nota el dolor:
“Tus últimas palabras fueron
cuídense mucho, no olvides que los amo
colgando ese teléfono 
mientras en ese momento, a nuestro hijo
yo tomaba de la mano”.
En sus temas también aborda la concientización social y el hip hop combativo en el que se critica la falta de acciones de los gobiernos para sacar adelante a la ciudad.
“Lo que trato en mis canciones es de darle la vuelta a la moneda, dejar atrás el lado negativo… hay que valorar a los seres con los que estás porque en cualquier momento los puedes perder, mis canciones también son de amor”, expresa.
 
Por una ciudad mejor
 
Once años después de haber dejado las drogas y a dos de haber perdido a su mujer, la vida es muy distinta para el compositor.
Hoy imparte talleres junto a otros activistas culturales en la galería Arte en Movimiento, localizada en la colonia Melchor Ocampo.
“Mi propuesta es darle seguimiento a la cultura urbana que se desarrolla en la colonia y apoyar a los jóvenes y tratar de cambiar esa visión que existe por parte de algunos adultos, que piensan que el grafiti y el rap son sinónimos de delincuencia”, apunta.
En ese punto de reunión se han salvado muchas vidas, asegura Lara. Ahí los niños y sus padres toman talleres de pintura, poesía urbana y grafiti.
“También damos charlas a los colonos acerca de cómo prevenir el pandillerismo y el consumo de drogas, eso es lo menos que podemos hacer por una ciudad a la que dañamos tanto”, dice.
Muchos de los adultos que viven en la colonia Melchor Ocampo, ahora están más tranquilos, porque saben que sus hijos no formarán parte de esas pandillas que algún día podrían llevarlos directo a la muerte.
“Yo pienso que todo esto que hacemos en la galería de arte urbano, es un experimento social para demostrar que a través del arte y la cultura se pueden cambiar las actitudes y la visión de toda una comunidad”, concluye “Mago Game Over”.