viernes, noviembre 22, 2013

El perro Blanco de San Lorenzo


Capítulo VI

Por Antonio Flores Schroeder

Néstor lo había perdido casi todo: cuatro matrimonios, dos viviendas (una por un incendio y la otra por una deuda bancaria), doce empleos en tres años y para colmo de su existencia, varios de sus familiares fueron asesinados durante la guerra contra en narco.

También intentó acabar con su vida de las maneras más dramáticas que usted, lector, pueda imaginarse. La última vez ocurrió cuando se colgó con una soga de un árbol en uno de los parques del Infonavit, pero la rama estaba seca y se rompió. Terminó en el hospital con una pierna rota y una lesión en la zona lumbar, razón por la que apenas podía caminar.

Antes de ese intento fallido, por supuesto que hubo otros. En la Navidad de 2008 fue uno de sus ensayos de resistencia más increíbles. Una tarde al salir del santuario de San Lorenzo, se tomó una botella de tequila, se comió veinte tortillas echadas a perder (algunas con hongos) y cuarenta antihistamínicos. No le pasó nada. Lo único que sintió durante los siguientes tres meses fue un vértigo interminable y con el paso del tiempo, su torpeza fue tal que comenzó a sentirse fuera de balance (aunque usted no lo crea, las ideas para suicidarse disminuyeron en un cuarenta por ciento).

Sus fracasos para encontrar el punto final fueron tantos que rápido llamó la atención de la prensa fronteriza.

Una revista especializada en amarillismo, colocó su fotografía en la portada junto al título “¡Veinte intentos y no puede suicidarse!".

La nota escrita con una excelente narrativa periodística describió sus andanzas en Veracruz durante la niñez, sobre todo los días con hambre, la madrugada en que murió su padre, la primera masturbación en el baño de la escuela y la noche en que se perdió en los laberintos del pueblo por jugar a los novios con una prima.

Néstor relató al reportero que su adolescencia transcurrió en los campos de maíz y que ni siquiera terminó la secundaria.

Nadie hubiera pensado que un premio de la Lotería Nacional lo llevara a la tumba. A los tres meses de recibir una suma millonaria, se hizo adicto a la cocaína y el dinero se lo gastó entre 1995 y 1998 en los tugurios de la calle Mariscal.

Desde esa fecha hasta el 2010, se divorció en cuatro ocasiones y perdió dos casas.

En la información difundida por la revista, también se describió aquella vez cuando se comió sesenta cáscaras de plátano y sobrevivió.

Muchas personas culparon al periodista por la muerte de Néstor. Un día después de la publicación fue a presumirle al cura de San Lorenzo su foto en la portada, pero al entrar a la iglesia casi arrastrándose por ese dolor lumbar que lo aquejaba, tuvo muy mala suerte. Una gigantesca lámpara de araña se desprendió del techo y le partió el cráneo en dos.

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