lunes, octubre 14, 2013

Suicidio postergado

Por Antonio Flores Schroeder

Alí subió con la lentitud de una tortuga al mirador de la torre Latinoamericana. Cortó la rejilla y abrió las alas. Observó las hormigas en la Madero, luego los grillos en el Eje central Lázaro Cárdenas. Dos minutos después cerró sus ojos y respiró ondo (pensó en las letras amontonándose una sobre otra y en los delitos de los políticos). En los noticieros de la noche fueron muy breves: el dolor debió haber sido tanto que el peso de sus palabras no lo dejó volar.

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