viernes, octubre 11, 2013

La gran mentira

Por Antonio Flores Schroeder

Lo peor de anoche no fue lo aburrido de la fiesta sino el engaño de la tía más viciosa de la familia. Ayer –relató doña Ausencia-, entré al casino de siempre después de las 6:00 pe-eme y tuve una experiencia (digámoslo así) poco común.
-En lugar de hombres y mujeres y esos viejitos y viejitas que se esfuman de sus viviendas donde la vida es muy aburrida y silenciosa, había un chingo de iguanas gigantes sentadas frente a las máquinas de apuestas –dijo al encender el decimoquinto cigarro de la noche mientras yo no dejaba de toser.
“La Güera”, como la conocíamos en la familia, nos aseguró que algunas portaban trajes chaqués sin ningún tipo de arrugas, una de ellas un esmoquin, inclusive hubo otra engalanda con un Spencer.
Por supuesto que no se le creí. Nunca andan vestidas así, menos en un casino.

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