martes, febrero 19, 2013


El Guardián

Por Antonio Flores Schroeder
Habían pasado dos semanas desde la última vez que Nadia y José cruzaron por esa puerta. Solo llevaban una cajetilla de cigarros Marlboro y una linterna. Cuando comenzó a llover se reclamaron uno al otro por haber olvidado el paraguas en el auto. Siempre les pasaba lo mismo en ese callejón de la colonia Hidalgo Aunque la verdadera discusión se centraba en las posibilidades que el destino podría ofrecerles. Los sucesos inesperados como la presencia en una de las veredas de El Guardián, ese hombre esquelético, de edad mediana y la piel envuelta en décadas, los tenía convencidos de que todo allí estaba diseñado por un ser superior a ellos. Estaban muy sugestionados.

-No voy a entrar otra vez –dijo ella-, ni aunque me pagues.
-¿Todavía crees que hay opción? -preguntó él en voz baja.
-Pues aquí me doy la media vuelta -dijo Nadia, conteniendo la respiración para no angustiarse (más).

La cara de José cambió. La desconfianza se pintó sobre sus cejas que se arquearon como un puente a punto de venirse abajo y sus mejillas se hincharon de estrés. La cadena en reacción continuó hasta que los labios se tornaron blanquecinos y los ojos se le ausentaron. Nadia lo vio desvanecerse en menos de un segundo sin poder ayudarlo. Fue una muerte fulminante.

Diez minutos después llegó la policía. Los elementos de la Fiscalía creyeron que la mujer atravesaba por un trastorno psicótico cuando trató de relatarles lo que se escondía detrás de aquella puerta. Nadie le creyó la historia de la sombra que se devoraba la luz. Menos lo de El Guardián y la serpiente voladora.


No hay comentarios.: