jueves, noviembre 15, 2012


Sin presencia

Por Antonio Flores Schroeder
En la noche nuestras historias se bifurcan. Son como los dinosaurios de cristal que caen desde el tercer piso del librero para convertirse en polvo y como los aviones de control remoto que se estrellan en el árbol donde están los cuervos imaginarios. Los dinosaurios de polvo y los aviones caen y se convierten en nuestas historias. Luego vienen los puentes de palabras inconexas que se anidan en tu vientre que es una estrella lejana que embolsa tu cintura en un recuerdo. Por eso te invoco desde el más acá, escondido de los lobos que descubrí cuando rompían con sus pasos serenos las hojas secas del otoño y debo admitir que, al final cuando ya no estás, justo al guardar tus escombros en la lentitud de mis letras, no queda otra que reacomodar en el librero al dinosaurio de plástico y al avión de control remoto.


Sangre en la espalda

Por Antonio Flores Schroeder
Elena afiló el cuchillo durante toda la tarde. Varias veces, sobre todo cada media hora, sintió el galopar de caballos en la boca de su estómago. Pero llegaron otros minutos. Él tocó la puerta como todas las noches. Ella la abrió como siempre: tranquilidad, abrazos, cariños y besos. El tiempo se esparció una vez más sobre sus manos. Otra vez se arrepintió. Mañana, quizá, será otra historia.
Escenas olvidadas de Oriana (2)

Por Antonio Flores Schroeder
Esperé a Oriana durante dos horas en el cruce exacto de dos calles. Una línea de soles agitados me empujó a ese lugar. La lluvia fría humedeció mis alas y dispersó el presente y puso sobre mis manos las historias de otras vidas. Analepsis como ráfagas de imágenes envolvieron primero mis manos y después el resto del cuerpo hasta imaginar que los dibujos al carbón plasmados en esa pared, eran los mismos con los que El Moche había soñado tantas veces a Oriana.
Escenas olvidadas de Oriana (1)

Por Antonio Flores Schroeder
Antes del carbón no hay nada (y) sólo el resplandor de nuestras letras y delirios y todos tus escenarios caóticos (y) por eso no te cansas de asegurar que siempre llegas tarde a la repartición del sueño y los escalofríos y (yo) sentado frente a otro monitor imagino cómo (tu) te maquillas de (el) arlequín o mimo para (nosotros) escuchar tu respiración acelerada subir las escaleras hasta (ustedes) ver este lugar del edificio en donde (ellos) nos visualizan como fantasmas.