jueves, diciembre 27, 2012

Insurrección


Por Antonio Flores Schroeder

Lloro a veces tu arena
el silencio
el pensamiento
y aun la noche eternizada que ves en mis manos mientras me cuestionas si en realidad las imágenes pintadas en el muro pueden regresarnos a la otra vida lejos de nuestros demonios.

Han pasado tantos años desde que escribíamos poemas en las banquetas por donde cruzaban las hormigas, que ya no puedo responder a tus preguntas frías que en su interior llevan una corriente de agua caliente donde naufragan costumbres grises y ausencias sin colores.

Ahora a diferencia de otras tardes, la tristeza se embolsa en los pulmones del mundo para hacerte soñar con sonrisas y espigas de colores y palabras esperanzadoras de una ciudad mejor. Quizá por eso tus visiones se adelgazan tanto como el ruido de tus tacones que suben y bajan por las escaleras de mi departamento donde planeo una revolución que iniciará en tu vientre y terminará detrás de tus ojos, tal vez en la retina o en el nervio óptico.

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