martes, octubre 30, 2012

                                        Murmullos

Por Antonio Flores Schroeder
 
Un policía gordo y de uniforme arrugado fuma y camina y se toca la barbilla y vuelve a colocar el cordón amarillo para imaginar que está en otro lugar. La noche entera baila con sus huecas alas de días ardientes. Los paramédicos vestidos de blanco empujan una camilla blanca. Otro policía habla por celular. Dos perros mueven la cola bajo la imaginaria sombra
de un árbol. Tres mujeres -una de ellas con un niño recién nacido en sus brazos- buscan el mejor sitio. Dos forenses danzan alrededor de los astros destructores. El olor a tierra húmeda que viene del sur se mezcla con el de la pólvora que aún está por todas partes. Los paramédicos empujan la camilla. Alguien me dice al oído que es un sueño, una ilusión, un aliento de otra dimensión. Arriba el pájaro que (al mismo tiempo) es un cuervo, avión, sombra de una nube y huella dactilar, atravieza el universo sin mayor contratiempo. Abajo en la superficie los signos de vida se hilan susceptibles antes de que los árboles dejen de abrazarse. En menos de un suspiro el mundo se pone al revés. La tela del cielo se desgarra. Pies descalzos sobre el asfalto más oscuro que un gesto vegetal. Dios intenta mear entre la gente. Aquí, en mi lugar, ni abajo ni arriba sino en todas partes, la sierra eléctrica agita el diálogo con los murmullos que intentan reanimar mi espiral en medio de la tiniebla.

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