viernes, septiembre 07, 2012

Ausencia

Por Antonio Flores Schroeder
Soñé que el silencio pintaba el vuelo de la desolación y cuántas imágenes encontré: fantasmas, zapatos con sangre y metralletas. En esos días fríos y grises, cuando el alcohol se derramaba sobre la barra de todos mis miedos y sobrevivía a la madrugada de mis dolores, venías tranquila y te sentabas a un lado para decirme que todo estaba bien, que la arena no termi

naría con esta frontera. Yo, del otro lado, turbio, ensimismado como un demonio segundero en el extratiempo, con las letras hechas trizas, encriptado.

La banqueta con todas sus grietas, hormigas de un lado a otro. Tu y yo en la ausencia del canto, con nuestras miserias de vida. Muertos.
Luego venía el llanto de luciérnagas en el parque de los accidentes junto al desvarío de la mariposa que moría sobre la piedra.

En el espiral de todos mis suicidios postergados se mezclaba la soledad y el delirio. Me desangraba la infancia y mi vejez. El fuego y el olvido salían de su jaula cada noche y se postraban sobre tu sexo que no tenía rostro ni alma. Por eso salía a caminar. Quería encontrar las veredas deslenguadas de tu espacio, ocupado por un deseo irrenunciable de bordar tu piel con mi nombre. Todos mis desvelos reunidos ahora en este hogar de locos, me dicen que no estás, pero no les creo. Te veo en todas partes.

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