lunes, agosto 06, 2012

El gato en las escaleras

Por Antonio Flores Schroeder
La primera noche en este lugar sin mesas ni sillas, supimos que después vendrían los relámpagos, los pasteles de chocolate, las miradas hacia la nada o inclusive, el ritmo cardiaco que subiría por nuestras manos hasta escalar por las telas rojas, azules y amarillas. Todo alrededor de nosotros empezaba a convertirse en un sistema de luces y números arábigos, que nadie más comprendía. El gato fantasma o el gato piedra (o el gato transformado que nos provocaba suspiros a cada escalón que descendía) parecía traer un mesaje de ‘arriba’. ¿Cómo no creerle?, ¿por qué dejarnos entretejer en una sóla semana?, ¿cuántos años o siglos habían transcurrido en realidad en ese instante-noche-luz? Los abrazos eran nuestra propia explicación.

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