miércoles, enero 18, 2012


Nuestros días

Por Antonio Flores Schroeder

Mataron a la mujer del trece
la última dealer de la vecindad
fantasma de mil noches
flaca
        porosa
y tan falta de Dios
                             y sin buena mota que vender.

Lo mismo le sucedió a doña María
que lloraba junto a Pancho
cuando los extorsionadores
iban a su farmacia cada viernes.

Martín, el policía con diez autos
y una mansión en la colonia Hidalgo,
se voló los sesos una noche
que encontró a su hijo sin cabeza.

Los sobrinos de mi vecina
no llegaron al cine:
un recuerdo de silencio
los alcanzó en un semáforo.
                                                  
El niño de Martina no podrá caminar:
una bala anónima entró en su espalda;
tampoco el de Mario, mi amigo, que aún corre
para huir de los disparos en el centro comercial.

Y yo con todas estas muertes y noticias
no podré ser el mismo de ayer,
ahora soy como siervo del tiempo:
sin sonrisas
                  horas de color
o repertorios de canciones norteñas
ni alabanzas a los santos impunes.

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