miércoles, agosto 17, 2011

Difunden programa del Encuentro 
de Escritores de Ciudad Juárez

Ciudad Juárez.- El Comité Organizador del Primer Encuentro de Escritores de Ciudad Juárez difundió el programa de actividades del evento literario que se desarrollará en esta frontera del 2 al 6 de septiembre.
Bibliotecas, parques, universidades, transporte público, el Consulado de Estados Unidos y otros lugares, serán sede de 20 mesas donde participarán más de 50 autores locales y doce escritores de España, Estados Unidos y Honduras.
Se informó que el Encuentro forma parte del Festival Internacional Chihuahua 2011 y que una de las principales intenciones del Comité es unir las voces de los que escriben en Juárez  y que se sepa que aún en medio de la guerra, la ciudad continúa de pie gracias a los fronterizos que no se han rendido.
Como uno de los momentos importantes del evento, se realizará el domingo 4 de septiembre un homenaje a la poetisa Susana Chávez , asesinada este año en Juárez.
A continuación, se presenta el programa oficial del Primer Encuentro de Escritores de Ciudad Juárez:


Viernes 2 de Septiembre

Centro Cultural Paso del Norte 
Teatro Octavio Trías 

11.00 a.m
Inauguración

11.30 a.m. Mesa 1
Agustín García (Juárez)
Carmen Amato (Juárez)
Osvaldo Ogaz (Juárez)
Carmen Galán Benítez (México D.F.)
Javier Barón Rodríguez (Juárez)

12:30 p.m.
Presentación de la novela gráfica Exilia de Cecilia Pego (México D.F.)

1:30 p.m Receso

2:00 p.m. Mesa 2
Javier Armendariz Cortez (Juárez)
Mikhail Alec Ivan Carbajal Moreno (Juárez)
Blanca Inés Cruz Champala (Juárez)
Marco Antonio de Luna Galván (Juárez)
Martín Camps (Califonia, E.U.)

3:00 p.m.
Presentación del libro y documental Tan Lejos de Dios, poesía mexicana en la frontera norte de Uberto Stábile (España)
Miguel Ángel Chávez Díaz de León (Juárez)
Arminé Arjona (Juárez)
Edgar Rincón Luna (Juárez)

5:00 p.m. Mesa 3
Juan Pablo del Villar (Juárez)
Fabiola Román González (Juárez)
Eric Ponce Burciaga (Juárez)
Rubén Meneses (S.L.R.C.)

6.00 p.m.
Presentación del libro Astrodiario de Gaspar Orozco
Bernardo Jauregui, Editor
Martín Camps

Café Veracruzano (Plaza de las Américas)

7.30 p.m Mesa 4
César Adrián Padilla (Juárez)
Alma Delia Mercado Pérez (Juárez)
Humberto Murillo (Juárez)
Edgar Contreras (S.L.R.C.)
Marina Gallardo (Juárez)

Cafebrería Sol y Luna

8.00 p.m.1er Mano a Mano
(Autores por confirmar)

Sábado 3 de Septiembre

9.30 a.m. Lectura en el transporte público
Ruta Juárez- Aeropuerto y Kilómetro 20

Biblioteca Comunitaria Ma´Juana

11:00 a.m.
Un escritor y su cuento favorito
Elpidia García, Fábulas de Esopo (Juárez)
Blas García El gato negro de Edgar Alan Poe (Juárez)
Edgar Rincón Luna, Cómo se salvó el mundo de Stanislaw Lem (Juárez)
Lilia M. de Medrano (Juárez)
-Lotería Literaria
-Taller de poesía dadaísta

Cafebrería Sol y Luna

5.00 p.m. Mesa 5
Sergio Alfonso Amaya Santamaría (Juárez)
Roberto Espíndola (Juárez)
Jesús Armando Molina (Juárez)
Gabriela Torres (Tijuana)
José Manuel García (Las Cruces, NM)

6.00 p.m.
Presentación de la novela Los Días y El Polvo de Diego Ordáz (Juárez)

7.30 p.m Mesa 6
Alberto Abraham Domínguez (Juárez)
Dora Korina Rodríguez Romero (Juárez)
José Antonio Blanco Córdova (Juárez)
Nadia Villafuerte (México D.F.)
Rubén Meneses (S.L.R.C.)

8:30 pm 2o Mano a Mano
Fuerca canas vs Fuera barros
(Autores por confirmar)

Domingo 4 de Septiembre

10.00 a.m. Lectura en el transporte público rumbo al centro histórico de la ciudad

Bazar Cultural Monumento a Benito Juárez

12.00 pm Mesa 7
Juan Carlos Esquivel Soto (Juárez)
Arely Huitrón Betance (Juárez)
José Jasso (Juárez)
David Martínez Reyes (Juárez)
Wilfredo Camacho (Juárez)

1.00 pm Mesa 8
Homenaje a Susana Chávez
A cargo de los escritores Arminé Arjona, Mauricio Rodríguez, Blanca Inés Cruz, Jorge López Landó y Juan Pablo Santana (Juárez)

Parque Borunda

4.00 pm Mesa 9
Diana Selene Salcedo Ruíz (Juárez)
María Dimas Valles Hernández (Juárez)
Manuel Pérez Petit (España)
Javier Aurelio Valencia Chávez (Juárez)
Fernando Donjuan (Juárez)
Edgar Rincón Luna (Juárez)

5.00 pm Lectura del cuento Parque Borunda de Blas García (Juárez)

6.00 pm Mesa 10
Miguel Ángel Chávez (Juárez)
Uberto Stábile (España)
David Martínez Reyes (Juárez)
Socorro Rosales Chacón (Juárez)
Rosario Sanmiguel (Juárez)

Lunes 5 de Septiembre

Universidad Autónoma de Ciudad Juárez
Instituto de Ciencias Sociales y Administrativas (ICSA)
Auditorio V

10.00 a.m. Mesa 11
Jaime Romero (Juárez)
Hilda Y. Sotelo (Juárez)
Cecilia Suárez Alcalá (Juárez)
Edgar Contreras (S.L.R.C.)

11.00 a.m. Mesa 12
Uberto Stábile (España)
Nabil Valles (Juárez)
Marco Antonio López Romero (Juárez)
Michell Vásquez (Juárez)
Ramón Iván Quiroz Solís (Juárez)

12.00 p.m. Mesa 13
Gloria Santos Guzmán (Juárez)
Sonia Lizeth Aranda (Juárez)
Martín Camps (California E.U.)
Manuel Pérez Petit (España)
Nadia Villafuerte (México D.F.)

1.00 p.m. Mesa 14
Cristina López (Juárez)
Francisco Javier Romo Ontiveros (Juárez)
Gabriela Torres (Tijuana)
Carmen Galán Benítez (México D.F.)

Consulado de los Estados Unidos de América en Ciudad Juárez 

Mesa 15 (HORARIO POR CONFIRMAR)
José Manuel García (Las Cruces, NM)
Martín Camps (California, EUA)
Uberto Stábile (España)
Diana Espinal (Honduras)

Universidad Regional del Norte Campus Ciudad Juárez

10.00 a.m. Auditorio B
Conferencia. "Génesis y Desarrollo de la Novela Gráfica" a cargo de Cecilia Pego.

5:00 pm
Bienvenida a los Escritores y entrega de reconocimientos por parte de la U.R.N.


6.00 pm Mesa 16 Auditorio A
Juan Pablo Santana (Juárez)
Adriana Candia (Las Cruces, NM)
Antonio Flores Schroeder (Juárez)
Antonio Bruga Martínez (Juárez)

6.00 pm Mesa 17 Auditorio B
Nabil Valles (Juárez)
José Manuel García (Las Cruces, NM)
Yuvia Cháirez (Juárez)
Mikhail Alec Ivan Carbajal Moreno (Juárez)


7.00 pm Mesa 18 Auditorio A
Blas García (Juárez)
Alberto García (Juárez)
Socorro Rosales Chacón (Juárez)
Marina Gallardo (Juárez)
Diana Espinal (Honduras)

7.00 pm Mesa 19 Auditorio B
David Martínez Reyes (Juárez)
Ilse Amelí de León (Juárez)
Javier Izaguirre (Juárez)
Concepción Porras G (Juárez)

8.00 pm Mesa 20 Auditorio A
Conferencia, "El nuevo Papel de las Editoriales Independientes en México" a cargo de Manuel Pérez Petit (España)

8.00 pm Mesa 21 Auditorio B
Carmen Galán Benitez (México D.F.)
Nadia Villafuerte (México D.F.)
Jorge López Landó (Juárez)
Antonio Flores Schroeder (Juárez)

Martes 6 de Septiembre

Hotel Holiday Inn Express

10.00 a.m.
-Entrega de reconocimientos
-Entrega del Directorio de Escritores de Ciudad Juárez 2011
-Presentación del sitio de Internet de los Escritores de Ciudad Juárez
-Clausura

miércoles, agosto 10, 2011

Desierto en sigilo



Por Antonio Flores Schroeder

                            (Dedicado a mi amigo
                             Zerk Montecristo).

El silencio es un nido de luces
que gira entre las manos
como fiebre de insomnio.
                                  
Por eso a veces no respiro
ni descanso junto al saguaro
más allá del atardecer.
Prefiero la fría recámara
un juego de ajedrez
o el temblor de unos versos
de-  
       sor-
de-
na-dos                                          antes del amanecer.
Escucha a los perros ladrar
mientras la bruma de las sábanas
b
   a
      j
         a hasta la hierba del salitre.
 (Llegan las horas de los buitres
y los cristales de arena golpean la ventana).
Llueve
           en (des)ciertos lugares
           el miedo se desborda
           perfora cuerpos y cierra ojos
           con balas anónimas.
Sólo quedan los ladrillos solos
los pasillos enmudecidos
dentro de edificios
                             grises
                             de papel
como duelo prostituído
y mirada de cenicero.

martes, agosto 02, 2011


Valparaíso


Por Antonio Flores Schroeder (Edición 4)
-Pos es que fue una orden de Dios –murmuró la mujer de la falda de paño rojo la última noche de 1940-. Qué oscuro está.
-Ya te he dicho que no actúes en su nombre –respondió José mientras sostenía sobre sus hombros una cruz de madera tan grande como el miedo que le impedía pensar con claridad-. Estamos impregnados del olor a copal.
(Quizá todo esto es un sueño), pensó la señora cincuentona, recargada sobre la pared llena de humedad y apuntes de fechas y nombres de santos que nadie conocía. (Pero no es un sueño, todo está como lo dejé ayer).
El Tributo de Masaccio, una de las copias de las pinturas del Renacimiento que el cura había adqurido a artistas italianos de segunda clase tras sus viajes por Europa, apenas se iluminaba por las cuatro velas que doña Eulalia había encendido desde la puesta del sol.
José no le ponía mucha atención porque analizaba mentalmente la historia que venía detrás de Eulalia y él. Como sacerdote del pueblo, conocía a todas las mujeres pero por razones de su edad y sus piernas, se enamoró de la joven un año después de asentarse como responsable del templo de Valparaíso.
La primera vez que la vio fue una noche cuando limpiaba la pila bautismal. Ella se sentó en la primera fila casi sin hacer ruido y quién sabe de dónde sacó un rosario para comenzar a rezar. Le pareció extraño que pese a la tormenta que azotaba esa zona de Zacatecas, alguien estuviera en la iglesia, aunque al mismo tiempo la escena le provocó ternura.
Desde entonces los ojos de bosque, a veces claros o transparentes, y en ocasiones turbios y nebulosos, atraparon al sacerdote originario del Distrito Federal. De ese encuentro recordaba los relámpagos y silencios prolongados seguidos por ecos y ofrendas a la imaginación. Hasta que la voz de Eulalia lo regresó al plano terrenal.
-Ya deja de pensar tonterías –advirtió mientras se acomodaba el vestido-. ¿Tons de qué diablos sirve reflexionar tanto cuando uno no tiene de su lado a Dios?.
-Estaba recordando aquella ocasión en que...
-Cállate y acomoda la cruz sobre la mesa, ya no te hagas la víctima con esa carga sobre tus hombros –interrumpió la mujer al tiempo que encendía la quinta vela en el sótano de la iglesia.
-Parece que no entiendes que prefiero que no haya luz. Ya déjame de hablar.
-Siempre tan tenebroso –dijo la doña con un tono de voz burlón antes de acercar una candela a su rostro para que José la viera como un resplandor.
Cerca de la escalera que conducía a la superficie detrás del atrio, había una decena de retratos en sepia de las vías del ferrocarril, donde se veían niños, perros y algunos paisajes donde aparecía el ex presidente Lázaro Cárdenas al lado de trenes y campesinos.
Debajo del suelo del sótano se escondía el pasado del pueblo. Eulalia y algunos albañiles que fueron traídos de otros pueblos y que por supuesto jamás volvieron a ver a sus familias, le ayudaron a construir un lugar en el que la paz descansara a unos cinco metros de profundidad.
Esa noche la mente se le llenó de luciérnagas antes de iniciar con su ritual. Escuchó los gritos sordos de los habitantes de Valparaíso que desaparecieron sin dejar rastro alguno ante sus familiares chismosos, que inventaron mil versiones de cada uno de los casos. Y en ese momento se quedó sin habla.
Lo que nadie sabía, salvo el clérigo, era que Eulalia hablaba con Dios.
Todo inició una mañana de diciembre cuando el Señor le ordenó que tenían que sacarle los ojos a doña Martita y José obedeció. Fue una cuestión de amor-obediencia-amor. Con esa fórmula amortiguaba en sus entrañas ese sentimiento cuando se convertía en un torbellino alrededor de la boca del estómago.
Entre ambos la llevaron hasta el cuarto del catecismo para enseñarle la cruz de madera que el cura había forjado durante la época navideña.
Un martillazo en la nuca y después otro y otro y otro, le cerraron para siempre la puerta de regreso a la viejita que le había llevado esa tarde al padre, empanadas de carne adobada en chile verde.
La señora cayó al suelo como una cortina con plomo y entonces su muerte invadió el piso de cemento como un ejército rojo hasta que la mancha de sangre dejó de crecer.
Eulalia, en ese tiempo muy atractiva, le dijo al cura que para sacarle los ojos a Martita era mejor utilizar una cuchara en lugar de esa punta metálica que se había encontrado en el quiosco del pueblo. En ese tipo de situaciones, según la mujer pálida y de cabello largo hasta los hombros, la primera vez siempre provocaba malestares y por eso el padre se indispuso durante setenta y dos horas.
Luego de una tarde sin misas, las señoras se pusieron tristes y juntas prepararon desayunos, comidas y cenas nutritivas con el fin de que el padre se repusiera.
Luego la muerte vino por Anselmo, el albañil que el padre contrató en otro pueblo para que construyera una fuente en el patio lateral de la iglesia; le sucedió lo mismo a los cinco sacerdotes que llegaron de sorpresa para felicitar a José por uno de sus cumpleaños.
Tantas desapariciones provocaron terror a las familias de Valparaíso pero nunca surgieron sospechas de lo que en verdad ocurría. Al contrario, la gente encontró un refugio para la tranquilidad y la armonía en las misas que ofrecía el sacerdote.
Entre más casos surgían, el número de cultos se duplicaba y de una misa que había a las 6:00 pe-eme, se pasó a dos cultos por la mañana y otros dos por la tarde, y hubo incluso algunas viejitas que propusieron liturgias por la noche, pero después concluyeron que el pobre del sacerdote no podía con esa carga de trabajo.
El gobierno federal mandó varias brigadas para detener la ola de desapariciones, pero su inefectividad para resolver los casos, lo llevó a esparcir el rumor de que un grupo de gitanos que vivía en los alrededores del pueblo podría ser el culpable de las ausencias.
A raiz de esta versión un domingo amanecieron muertos todos los integrantes del grupo, entre los que se incluían niños y ancianos. Surgieron fiestas patronales que el padre se inventó para darle gracias a Dios por el fin a las desapariciones. El júbilo y la esperanza regresaron a Valparaíso, que sólo quedaba con treinta de sus cien habitantes.
-¿A poco crees que podrás hacerlo sin luz? –rompió el silencio Eulalia- no sé cómo un cura le puede tener miedo a la oscuridad.
-Es que no te puedo matar –dijo él con la voz. Tras unos segundos intentó irse de ese lugar y dejar encerrada a la mujer en el sótano y, después de un suspiro, regresó para repetirle en voz baja-: es que no te puedo matar.
Don José estaba empapado de sudor y no quería ver los ojos a la señora que sólo atinaba a reírse.
-Veme la cara –ordenó la mujer-. No vas a tener miedo.
-No puedo, nunca he podido –respondió-. Va contra Dios.
-José, mi cura, mi salvador, voltea a verme –levantó la voz y se llevó otra vez la luz de la vela al rostro-. Es que Dios me lo ordenó.
El hombre ataviado con su sotana de color negro se recostó en el piso de tierra y comenzó a golpearse la cabeza contra una de las patas de la mesa sobre la que se sostenía la cruz.
-Eso se llama desobediencia y es un pecado –agregó Eulalia que no dejaba de contemplar la reacción autodestructiva del clérigo.
De pronto se abrió la compuerta del sótano y se escucharon algunas voces.
-¿Está ahí padrecito? –preguntó Margarita, una de las mujeres más fieles del poblado y que siempre cantaba el Padre Nuestro en las misas-. Lo necesitamos con urgencia.
El padre no contestó. El sudor se había mezclado con la sangre que escurría de su frente. Eulalia también se escondió en el silencio entretanto Don José apenas podía preocuparse entre la realidad y su inconsciente.
No quería que descubrieran el sótano. Cuando pudo voltear a ver a su acompañante, ella sólo se colocó el dedo índice sobre los labios para indicarle que no hablara. Y así duraron cinco minutos hasta que Margarita volvió a cerrar la compuerta.
-No quiero matarte, eres muy incomprensible.
-No lo soy, tu nos enseñaste a obedecer a Dios y ahora actúas en contra de tus enseñanzas. Además un muerto más a la conciencia ni siquiera lo vas a notar.
Margarita, que sospechaba que algo sucedía en ese sotano, apresuró su caminata para avisar a sus vecinos de la desaparición de don José. Veinte minutos después regresó acompañada de Felipe y Agustín.
Ninguno de los tres conocía el sótano en el que encontraron al cura en medio de un charco de sangre. Creían que estaba muerto pero aún respiraba. Entre los tres se lo llevaron a su habitación que estaba en el patio trasero del templo. Margarita, asustada, corrió con el médico de Valparaíso para solicitarle su ayuda y el galeno accedió sin pensarlo dos veces.
Pasaron tres días para que don José se recuperara y hubo mucha tristeza en el pueblo no sólo por el accidente del cura sino por la falta de misas. Los más fieles improvisaron un consejo para deliberar el asunto y decidieron premiar al sacerdote por su esfuerzo, dedicación y también por sus 25 años de actividad religiosa en el pueblo.
 Con el operativo del gobierno federal y el exterminio de los gitanos, Valparaíso regresó a la paz y a la felicidad. Ya no hubo más desapariciones. Gracias a Dios.