martes, octubre 18, 2011


Mara

Por Antonio Flores Schroeder‎


5:00 pe-eme: Mara observa los autos que pasan por el Paseo Triunfo de la República mientras espera el camión que la llevará al Centro de la ciudad. Piensa en el burdel, las sillas destruídas, colores como sepulcros de risotadas y la voz de una noche llorosa.
Después de unos minutos decide caminar. Cruza la Plutarco Elías Calles, va con la fuerza de los dragones entre sus piernas y los tobillos llenos de arrebato. Escucha los gritos de los alumnos de la primaria Abraham González que se divierten en pleno recreo y los recuerdos de la infancia se le vienen como una asfixia. Lleva el destello de víbora en su cuello ahogándole el presente. Intenta, como todos los días, marcar los números del teléfono público, escabullirse con la voz, simular que tiene esmeraldas en su bolsa y juegos eternos de mariposas y una vida de cuchillos por delante.
Escucha el camión que se acerca como relámpago de madrugada. Cree remar contra el futuro pero sabe que esta vez tampoco podrá irse a ese lugar. Por eso sube al camión destartalado y gris, casi como un fantasma.
-Ocho pesos -le recuerda el chofer de la ruta.
Mara se sienta como cada tarde, en el asiento que se ubica exactamente detrás del conductor. Quizá mañana intentará otra vez romper con su pasado, sin embargo por ahora se concentra en las historias que se esconden en sus manos llenas de sudor y miedo.

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