martes, junio 21, 2011



Javier Sicilia durante la marcha en Chihuahua: FOTO: Antonio Flores Schroeder / NORTE

Carta de Sicilia a la Caravana

A todos los que hicieron posible y caminaron con la Caravana del Consuelo,  hermanos en el dolor y el consuelo: Mil gracias por todo lo que han hecho y siguen haciendo. La caravana, que ustedes hicieron posible, es un acto de gracia en medio del dolor y el horror que envuelve a nuestro país. Un acto inmenso porque la gracia es algo que ha sido lentamente desalojado de nuestro mundo. Es la gratuidad pura, un acto que no tiene ningún sentido de la utilidad y que sólo se realiza porque sí, porque hacerlo es bello y bueno.
En medio de criminales que buscan el provecho del poder y del dinero; en medio de los espantosos intereses de los gobiernos y de los partidos que han abandonado a la gente para satisfacer de otra manera las mismas ansias de poder y de dinero que habitan en la delincuencia; en medio de nuestros muertos y del espanto que esa lógica del provecho nos ha traído, ustedes han tenido el valor y la grandeza de ponerse de pie no sólo para caminar al lado de las víctimas e ir a su encuentro en ese abrazo lleno de humanidad que les ha permitido romper su soledad, su humillación y su miedo, sino también para mostrarnos a todos los grados de desprecio y de inhumanidad que han hecho que el sagrado y gratuito misterio de las vida humana se convierta en moneda de cambio de las más miserables de todas las miserias: el valor de lo económico. Han tan tenido también el valor y la lucidez de articular ese dolor, que clama por la justica y la paz, en 6 exigencias fundamentales para encontrarlas y crear el mínimo suelo que permita rehacer la democracia y un Estado de Derecho hasta ahora simulados.
Es verdad que en Juárez, a la luz de esos 6 puntos, se pusieron al desnudo muchas otras demandas de orden social y político –los dolores de la nación son inmensos y los pendientes de los gobiernos para con ellos grandes--. Sin embargo, llevar al pacto ciudadano todas esas demandas no sólo implica dejar de lado lo que da el carácter moral al movimiento de la Caravana: el dolor de las víctimas, sino que es la mejor manera de darle armas a los gobiernos para que no cumplan nada. Si nos mantenemos unidos en los 6 puntos, no sólo podremos reivindicar a las víctimas y ejercer una presión sostenida para lograrlo, sino que también podremos llevar la caravana hacia el otro punto del país: el Sur. Lo contrario es entrar en la dispersión, perder el mínimo suelo --sin el cual las otras demandas legítimas que surgieron en Juárez y a las cuales se agregarán muchas más, serán sólo ilusión—y perder, en la fragmentación de las diferencias que se sobreponen a lo esencial de los acuerdos, la fuerza acumulada a lo largo de estos meses.
La gratuidad, queridos hermanos, no usa, no se engríe, no se ilusiona, no busca provechos de ningún tipo. Es simplemente, en su debilidad, una extraña fuerza que reivindica la vida, esa parte, como decía Albert Camus, que sólo sirve para existir y sin la cual lo humano pierde su dimensión más preciada –esa dimensión que el consuelo no ha dejado de mostrar—: la belleza de vivir en común; es también, al igual que la poesía, el más gratuito de los oficios, la inmortal fuerza de la pobreza. Si la perdemos en nombre de diferencias que pueden sobreponerse a lo esencial, habremos perdido lo más preciado, traicionado el dolor de las víctimas y nos habremos impedido transformar el corazón de los violentos. Vienen momentos muy difíciles: el diálogo con las diversas instancias de gobierno –un diálogo que a la luz de los 6 puntos debe ser tan exigente, como nuestra dignidad, y tan propositivo, como la justicia y la paz que las víctimas y la ciudadanía con ellas claman; y la Caravana hacia el Sur.
Si no mantenemos vivo en el dolor transformado en amor, que es la unidad, si no somos capaces de vivir en esa pobre e inestable fuerza de su impotencia –porque el amor es hueco, apertura, acogimiento y don--, todo terminará tragado por la desmesura del poder y de los intereses más legítimos.
A lo largo de estos días caminados a su lado no he dejado de pensar en esa profunda máxima de San Bernardo que deberíamos rumiar en estos tiempos difíciles y bajo la luz de esos dolores inmensos que hemos iluminado en el amor: “En lo esencial, unidad; en la diferencia, libertad; en todo, caridad”.   Los abrazo con el mismo corazón con el que ustedes abrazan. Paz, Fuerza y Gozo.

Javier Sicilia

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