lunes, mayo 02, 2011


“Omar” se inyecta heroína. FOTOS: Ismael Villagómez


Repunta consumo de drogas duras;
descuidan gobiernos adicciones*

Por Antonio Flores Schroeder

Son las 11:00 aeme del martes. A "Omar" le duelen los huesos. Lleva quince años en el "viaje" de la heroína. Hace 12 horas que no se inyecta, por eso se le nota la mirada ausente y los labios como si fueran de tierra. Un temblor recorre su cuerpo mientras ingresa a unas tapias que paradójicamente se encuentran a un costado del Centro de Integración Juvenil A.C., ubicado en la calle Mauricio Corredor, de la colonia Centro.
Huele a muerte. El lugar parece un valle de moscas que danzan alrededor de su cuerpo. Dice que la “malilla” lo acosa al tiempo que busca debajo de las piedras una jeringa y una cuchara que le abrirán otra vez las puertas del infierno.
“Llevo 15 años consumiéndola pero sólo tres (años) inyectándome todos los días”, expresa en cuclillas y con la ansiedad sobre su lengua.
Luego saca su "globito" de una de las bolsas de su pantalón de mezclilla sucio y maloliente. Vacía la droga en la cuchara con la rapidez de una cobra. Al contrario de otros usuarios, "Omar" asegura que a él no le gusta calentarla. Fría es mejor, porque eso quita mucho tiempo.
Limpia la aguja con un pedazo de tela. Casi al mismo tiempo saca de entre sus ropas un bote de plástico con agua y en menos de un parpadeo tiene listas las herramientas que lo salvarán por un par de horas de su enorme soledad. Acomoda la heroína sobre la cuchara y lentamente el líquido entra a la jeringa. Eso le emociona.
Después purga el aire. Dos pequeñas gotas salen por la punta de la aguja y se derraman sobre el cuerpo de la jeringa.
“Yo me pico cuatro o cinco veces al día, ya estoy acostumbrado a eso, la primera es en la mañana”, manifiesta.
Intenta inyectarse primero en el antebrazo, posteriormente en el otro. Es difícil atinar en un lugar libre de heridas. Tiene muy lastimada la piel. Recorre varios puntos de sus venas pero “no entra”. Desesperado, decide guardar silencio ante el fotógrafo y el reportero que apenas pueden resistir el olor a excremento. Varias moscas le acompañan en su travesía, caminan sobre su rostro cenizo y opaco, que le cambia súbitamente cuando por fin logra su cometido. "Omar" recuperó el aliento y restablece la plática. Es otra persona.
“Se siente chido, esta madre me calma el ansia pero siempre es diferente”, expresa tránquilo.
La heroína entra poco a poco al torrente sanguíneo. Ahora limpia la jeringa y la cuchara, que deja escondidas debajo de la misma piedra.
“Yo no comparto la jeringa con nadie porque está canijo, por eso yo me preparo “la chiva” (heroína)”. “Omar” se ríe, se levanta y camina hacia fuera de las tapias como si quisiera huir del olor a muerte, separadas del Centro de Integración Juvenil por un pasillo de cemento.
Por lo pronto no quiere rehabilitarse. Ya no ve a su familia porque no quiere provocarle problemas. Ahora duerme en cualquier lugar donde lo alcanza el cansancio o la sobredosis, que según él lo ha enviado a la orilla del precipicio al menos cuatro veces en este año. Del tiempo pasado ni se acuerda.
Le cambiaron las pupilas. Se chupa los labios y va al grano tras las preguntas lanzadas como un dardo.
“La neta tengo que robar, ahorita me apañaron los policías unas bocinas que me robé de un carro que estaba en un taller, pero lo bueno fue que no me quitaron el “globo”, les dije que se las llevaran”, platica recargado sobre una pared. En las tapias las moscas vuelan. El ruido es insoportable. Quizá por eso comienza a sentirse nervioso de nueva cuenta.
“Omar” tiene que conseguir 250 pesos diarios. Si no lo hace le dolerán los músculos, los huesos; lo acosarán los cuervos del insomnio y los escalofríos mientras seguramente se revolcará en el suelo de una plaza pública o una construcción abandonada.
La plática se termina porque ya se quiere ir a recorrer las calles. Otros dos hombres llegan al lugar. No les importa que los vean inyectarse. Al contrario, hacen bromas entre ellos para que se publiquen sus rostros en el periódico.
Aunque acostumbran utilizar heroína, ahora traen un delirio diferente. Se trata del speedball (bola rápida en español). Aunque originalmente era la mezcla de heroína con cocaína, en Juárez está de moda entre los adictos suplir “la chiva” por la metadona, droga sintética que se utiliza para ayudar a pacientes adictos que quieren dejar la heroína u otras drogas.
Ya traén todo preparado. En menos de tres minutos los dos sujetos están eufóricos y dicen tener prisa porque se salieron “del jale” sin permiso.
De acuerdo con especialistas consultados por NORTE durante la semana pasada, estos usuarios forman parte de un ejército de más de 30 mil consumidores de heroína que consumen en promedio cinco “globos” a un costo de 50 pesos cada uno, por lo que si hace la suma en un año, gastarían alrededor de dos mil 700 millones de pesos, cantidad que prácticamente iguala al presupuesto de egresos aprobado el año pasado para el municipio de Juárez, que fue de dos mil 764 millones 242 mil199 pesos.

Se duplicó el consumo; hacen falta recursos

Los gobiernos dejaron en manos de la sociedad este problema de salud.
De acuerdo con el director general de los Centros de Integración Juvenil A.C. (CIJ), el consumo de la heroína es cada vez mayor.
“Las clínicas que existen en Juárez para el tratamiento de la heroína son insuficientes; el uso de la heroína es tan elevado que necesitaríamos un gran número de hospitales equipados y con el personal debidamente capacitado”, dice el médico José Antonio Rivera Rojas detrás de su escritorio.
Asegura que si el consumo de la heroína sigue creciendo no habrá gobierno que pueda combatir el problema, porque el tratamiento de desintoxicación es muy caro.
“Si todo esto se lo dejamos únicamente al gobierno, éste está imposibilitado para enfrentar por sí solo el problema”, manifiesta el especialista.
El Centro de Integración es una asociación civil con participación mayoritaria del Gobierno federal y cuenta con tres unidades en las que atiende a un promedio de 900 personas diarias. El 80% son heroinómanos.
De acuerdo con Rivera y personal entrevistado del Grupo Compañeros, hacen falta más campañas preventivas.
“Esto debe ser más agresivo, se necesitan campañas de los gobiernos mucho más fuertes, más grandes en tiempo y espacio”, asegura el director del centro.
Los pacientes se enfrentan no sólo su adicción, sino a una gran soledad.
“Nosotros manejamos la terapia familiar, que es más rápida y que presenta una mayor recuperación para evitar que caigan de nueva cuenta en el consumo de esta peligrosa droga, el problema es que casi todos han sido expulsados de sus familias, eso agrava el tratamiento”, explica.

Metadona vs heroína: tratamiento en dudas

En Juárez los Centros de Integración Juvenil A.C. y la Clínica Integral de Tratamiento contra las Adicciones S.A. de C.V. atienen alrededor de dos mil usuarios de heroína en recuperación.
Ambas instituciones utilizan la metadona (para ayudar a sus pacientes a evitar el síndrome de abstinencia), que es una droga sintética con una potencia ligeramente superior a la de la morfina y mayor duración de acción, aunque tiene un efecto euforizante menor. Su administración produce una especie de analgésico central y ha sido motivo de debates a nivel internacional.
La mayoría de los pacientes entrevistados por NORTE la semana pasada en estas clínicas que utilizan la metadona como una forma de apoyo en el tratamiento contra la heroína manifestó que "se sentía muy bien", aunque otros aceptaron que en el mercado negro la metadona se combina con otras drogas.
De acuerdo con especialistas norteamericanos que han publicado diversos estudios en revistas científicas, el uso habitual puede desarrollar dependencia física y psíquica muy parecida a lo que sucede con la morfina. Para otros forma parte del mejor tratamiento para el síndrome de abstinencia a los narcóticos.
Rivera Rojas asegura que la metadona es un medicamento que da protección durante unas 36 horas a los pacientes adictos a la heroína, siempre y cuando se acompañe de una rehabilitación integral, que implica apoyo médico, psicológico y nutricional.
“Lo positivo de la metadona es que no provoca el síndrome de abstinencia y ayuda a que el paciente se reincorpore a una vida normal", agrega el directivo del centro.
Un especialista en adicciones del Grupo Compañeros difiere de la opinión de Rivera.
“Algunos de los que utilizan la metadona nos cuentan que batallan mucho para desprenderse de esta droga sintética, nosotros pensamos que sí sirve, pero hay muchos casos en que las personas duran varios años y entonces cuando se sienten listos y quieren valerse por sí mismos, no pueden porque el síndrome de abstinencia es muy severo y se va convirtiendo poco a poco en una bola de nieve”, agrega.
Sin embargo el especialista en adicciones coincide con Rivera en el sentido de que el uso de la metadona debe ir acompañado de un programa integral, si es que se decide utlizar como alternativa.
Entre el martes y jueves NORTE habló con varias personas en recuperación. "Alberto" acude cada dos días a la Clínica Integral de Tratamiento contra las Adicciones, ubicada en la calle Juan Escutia número 286, en el área del Pronaf.
Gasta 65 pesos en cada pastilla de metadona. Eso lo tranquiliza por más de 12 horas. Explica que ya no “le pegan las malillas” ni le duelen los huesos.
“La neta sin la meta no la hubiera armado, ahora ya no robo, ya no me humillo para conseguir dinero" ahora trabajo lavando carros”, dice.
Cada mes le hacen antidoping y es atendido por un médico. Cuando se siente deprimido acude con la psicóloga de la clínica.
“Yo recaí una vez, me acabada de meter la meta cuando me encontré con unos compas y me inyecté heroína”.
No le gustó. Los efectos al día siguiente le provocaron diarrea, vómito y un dolor inexplicable en los huesos. Asegura que hay muchos que se meten a tratamiento y consumen durante un mes la metadona con heroína, pero que cuando llega el día de hacerse el examen en la clínica, son "amonestados" y si vuelven a reincidir les cancelan la ayuda por seis meses.
En el mercado negro la metadona se consigue en algunas partes de la ciudad en 50 pesos o más. Otras personas consultadas indicaron que desde hace un año la droga sintética es combinada con la heroína y cocaína. Esta información fue confirmada por especialistas del Grupo Compañeros y algunos médicos de instituciones públicas que han atendido a decenas de pacientes por sobredosis de este coctel.

Miles tienen que robar para drogarse

En abril del año pasado, el Consejo Nacional para las Adicciones ubicó a Ciudad Juárez como la población con más alta adicción a las drogas, en donde la “coca”, heroína y metanfetaminas desplazaron a la mariguana.
Cifras calculadoras del Grupo Compañeros indican que actualmente 30 mil personas son adictas exclusivamente a la heroína.
La media nacional en la adicción a drogas ilegales, de acuerdo con el Consejo Nacional, en abril de 2010 era de un ocho por ciento, mientras que en Juárez llegaba hasta el 18.97 por ciento.
Se estima que en la ciudad al menos unas 45 mil personas adictas a drogas y sustancias tóxicas deambulan en las calles.
De los 30 mil adictos a la heroína, más de cinco mil se concentran en la zona del poniente en colonias como la Bellavista, Gregorio M. Solís, Durango y Arroyo Colorado, entre otros asentamientos.
Cifras del CIJ y del Grupo Compañeros estiman que el 80% de los usuarios de la heroína tiene que cometer actos ilícitos para conseguir los 250 pesos diarios que requiere para sus dosis.

Hepatitis C, el otro lado de la heroína

Más del 90 por ciento de los usuarios de drogas inyectables tiene hepatitis C.
“Es más contagiosa que el VIH porque tiene más resistencia al medio ambiente, puede durar semanas, el problema de la hepatitis C es que no muestra cambios físicos de inmediato, por eso muchos no se dan cuenta que son portadores y lamentablemente contagian a otras personas al compartir las jeringas o agujas, aunque también se puede transmitir sexualmente", dice el especialista en adicciones del Grupo Compañeros.
Hace seis años la Universidad de San Diego realizó un estudio en la ciudad con un grupo muestra de 200 heroinómanos, que arrojó como resultado que el 92.5 por ciento salió positivo a hepatitis C.
La gran mayoría de las personas contagiadas no presenta algún síntoma, aunque algunas pueden sentirse como si tuvieran un estado gripal.
Médicos del Seguro Popular explicaron que existen varias maneras de contraer hepatitis C, algunas de ellas son recibir prácticas médicas con mala esterilización, colocación de piercings y tatuajes o compartir agujas para inyectarse drogas. El contagio por contacto sexual representan aproximadamente un dos por ciento de los casos.
Jesús Hipólito López Cruz, coordinador médico de los Servicios de Salud, de la Juridiscción Sanitaria número 2, asegura que la hepatitis C no ha sido tomada en serio por los gobiernos.
“Desafortunadamente se cuenta con pocos recursos para el tratamiento, la verdad es que no hay un programa a nivel mundial para combatir este grave problema de salud", manifiesta.
La mortalidad es a largo plazo, en un plazo de 15 a 20 años.
“Muchos de los enfermos desarrollan cáncer de hígado, por eso muchos se dan cuenta. Si no se atiende este fenómeno derivará en muchas muertes en los siguiente años", expone.
Actualmente se cuenta con pocos recursos, porque los estudios son muy costosos.
“El Seguro Popular sólo ha asignado recursos para los pacientes con SIDA que tienen hepatitis, pero no para los portadores de esta última enfermedad", dice López Cruz.
Aparentemente se trata de cuestiones presupuestales de las instituciones. Sólo el Seguro y el ISSSTE cuentan con recursos para el tratamiento.
La mayoría de los usuarios de la heroína carece de un trabajo formal, por lo que carece del apoyo del IMSS y el ISSSTE. Esto quiere decir si se toma en cuenta la muestra que realizó la Universidad de San Diego con el Grupo Compañeros, alrededor de unas 27 mil personas no estarían en posibilidades de acceder a un tratamiento, por lo tanto están prácticamente condenados a la muerte.

Miedo a rehabilitarse

Clínicas de rehabilitación y centros contra las adicciones han registrado una disminución de entre un 30 y 40 por ciento en las personas de nuevo ingreso, principalmente por los ataques que han sufrido en los dos últimos años y que han dejado decenas de muertos.
Rivera Rojas, del CIJ, manifestó que aparentemente no ha crecido el número de adictos a la heroína porque los grupos de autoayuda están con menos personas que antes del 2008.
“Lo que sucede es que no hay personas pidiendo ayuda porque tienen miedo a morir en un ataque dentro de un centro de rehabilitación, pero el problema sigue creciendo a pasos agigantados y no se le ha puesto atención”, finaliza el especialista en adicciones.

*Reportaje publicado en el periódico NORTE el 2 de mayo de 2011

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