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martes, abril 19, 2011

Viento

Por Antonio Flores Schroeder

Cuando era niño los días de viento y polvo no me gustaban. Quizá porque los asociaba con la tristeza y la soledad. Aún así salía al parque donde las horas se inflaban como una pelota de futbol. Lo más que recuerdo es una de esas tardes dominicales en las que jugábamos una cascarita mientras el aire se incrementaba igual que nuestro cansancio. Alguién me filtró el balón y quedé solo frente al portero. Había muy poca visibilidad y el aire estaba en contra por lo que adelanté la pelota para dejar atrás al defensa y corrí tras el esférico. Burlé al guardameta y como pude tiré a la portería pero el ventarrón la detuvo justo en la línea.
Años después sucedió algo parecido pero en la Primera División aquí en la ciudad del burrito y la violencia. Uno de mis vecinos y yo fuimos a ver el partido Cobras-Tampico Madero. Hacía un aire de los mil dragones. En el primer tiempo los de casa adelantaban 3-0 y se habían colocado en zona de calificación a la liguilla. Todos felices, todos soñando. Pero empezó el complementario y el mundo parecía acabarse. El portero juarense despejaba y la pelota no llegaba ni a un cuarto de cancha. La pesadilla terminó 3-5.
Posiblemente por eso no me gusta que el tiempo se comporte de esta manera.

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