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domingo, abril 10, 2011

Domingo de un clásico

Por Antonio Flores Schroeder

Me gusta levantarme los domingos con Sui Generis cuando los sueños de arena se estrellan en la ventana y el olor a café escala la imaginación. Ver la danza de mis perros confundiéndose con las imágenes que pinté como sábanas de aquellos años en los que las noches eran de color gris con lentos destellos de reflexión ausente.


Hubo un tiempo que fue hermoso
y fui libre de verdad
guardaba todos mis sueños 
en castillos de cristal.
Poco a poco fui creciendo
y mis fábulas de amor 
se fueron desvaneciendo
como pompas de jabón.


Te encontraré una mañana 
dentro de mi habitación
y prepararás la cama
para dos...


Es larga la carretera
cuando uno mira atrás
vas cruzando las fronteras
sin darte cuenta quizás;
tómate del pasamanos
porque antes de llegar
se aferraron mil ancianos
pero se fueron igual.


Te encontraré una mañana 
dentro de mi habitación
y prepararás la cama
para dos...


Quisiera saber tu nombre
tu lugar tu dirección
y si te han puesto teléfono
también tu numeración;
te suplico que me avises
si me vienes a buscar 
no es porque te tenga miedo
solo me quiero arreglar.


Te encontraré una mañana 
dentro de mi habitación
y prepararás la cama
para dos...

Los ladridos en la colonia son ruidos que se empalman en la sala de mis manos mientras que las hojas de los árboles en el patio de la vecina, son un requinto en re menor. Y yo no hago otra cosa que observar a través de la ventana las historias que vuelan como marionetas de plástico, algunas llevan el fuego en sus raíces y otras son simples aves sin rumbo fijo esperando a ser devoradas por una chiva rayada.

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