lunes, marzo 14, 2011

Exilio

Antonio Flores Schroeder (Edición I)
Como siempre, Nandy fue la primera en presentarse en el cuartel. No soportaba la impuntualidad. Era tanta su obsesión que a veces por llegar tan temprano se quedaba dormida en el sofá a la espera de Ambla Sa Sambla o los otros confidentes. Así la encontraron Leo y Armida, que anclaron exactamente a las doce y cuarto pe-eme.

-No la despiertes, vienen días pesados
dijo ella mientras se recostaba en la alfombra abrazada al sobresalto.
El olor a café quemado provenía de la cocina como una tropa que atravesaba la sala donde los poetas —asustados por el silencio— se ataron al hueco de las frases sarcásticas. Los libros insurgentes estaban regados como estrellas y los grillos desvelados por el asombro se desplazaban de un lugar a otro en un intento por reconocer el lugar que habían habitado desde otros siglos.

Cuando llegó la policía desenredó el sueño de Liz en el cuarto de lavado. Luego de un parpadeo, los agentes localizaron a Yunitz escondida bajo la cama como una mariposa sin alas.
Al día siguiente los periódicos publicaron la escena como un manjar aderezado con morbo. El forense dijo después que Nandy enloqueció y luego tomó el camino más rápido para huir con rumbo desconocido. Al ver la grabación de la cámara escondida que Andrés dejó entre las plantas, sentimos que la vida se nos secaba. Huir de nuestra propia identidad disfrazados de animales, era como lidiar con los fantasmas de antaño, porque si algo nos quedaba claro, era que el resto de nuestras vidas la pasaríamos en este aposento bajo tierra.

1 comentario:

FERNANDO ARNAIZ dijo...
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