miércoles, marzo 16, 2011

Entre paréntesis

Antonio Flores Schroeder (Edición 5)
La agüita de Lalín es como un meteorito. Tribi está seguro que jamás tendrá una canica tan rápida como esa (sobre todo cuando la observa a través de sus lentes de fondo de botella levantar el polvo mientras se desplaza para estrellarse contra los tréboles).
La Nena se muerde las uñas (manchadas de regaños por juntarse sólo con niños); sueña con ser abogada y no deja de comer chicharrones con chile (piensa en la pérdida de tiempo que representa el divertirse con las muñecas italianas que le regaló papá).
Tikis apenas respira (su corazón late a la misma velocidad con que la agüita se aproxima a la colisión en el valle de las moscas). No pierde de vista a la bolita de vidrio donde se refleja el edificio de la escuela primaria donde se juegan la vida. Sus manos son un ramillete de nervios.
Nadie ha visto (aún) a la hormiga medio muerta detrás del tirito. Por un instante el silencio se prolonga como preludio al gran impacto y todo se paraliza: los pájaros sobre el cable de la luz, la niña de trensitas con su falda azul hasta las rodillas, el movimiento de las hojas del árbol, los alumnos de sexto que platican con sus compañeras, el profesor que intenta comprar un burrito en la tiendita.
Pero la agüita se va de largo (sin atizar los tréboles de la Nena) para arrancarle la vida a la hormiga moribunda.Tikis se guarda en su boca tres canicas (siente que recorren su lengua para amenazarlo y le vienen a la memoria los gritos de su madre advirtiéndole que se puede morir).
Los gritos de asombro (y burlas) someten a Lalín. Lo encierran en el baúl de un silencio artificial que sólo existe en sus oídos. Por eso se pierde en la nada, ahí donde la voz de la maestra es un eco delirante, una mujer con alas metálicas que vuela por encima de él como un insecto gigante hasta  
c
a

r
de su asiento (carcajadas). 
El timbre lo golpea 
                             le arrebata el sueño 
                             de un manotazo dispersa los colores.
Ahora su agüita no es mas la sombra del fire milenario 
ni la ventaja oculta entre sus manos prehispánicas. 

No hay comentarios.: