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miércoles, octubre 06, 2010



Apuntes de un día común


Antonio Flores Schroeder

I

El hombre se sentó junto a Tin Tán en la plaza de la Catedral. Observó a las mujeres largartijas, sacó de entre la ropa un revólver Lemat y le disparó a una de ellas. Luego, tranquilo, compró una nieve de chocolate mientras llegaba la policía. Yo fui, les dijo. No le creyeron. Se fue en un camión. Nunca lo atraparon.

II

Un grillo subió a la antesala de mis brazos. Se transformó en nube, luego en lluvia. Al salir el sol el insecto era un sueño que recorría la cocina de mi abdomen.

III

Oriana entró a la recámara y vio a su madre muerta tendida sobre la cama. Pensó que era un sueño. Por eso se regresó a dormir a su cuarto.

IV

Oriana sintió escalofríos anoche. Pasadas las dos aeme se asomó por la ventana de la sala. Al correr la cortina, vio a cuatro carrozas fúnebres desfilar con las luces apagadas frente a su departamento. Detrás de ellas, marchaban cinco payasos. No ha dormido desde esa pesadilla.

V

Una palabra es como un lagarto que se desplaza sobre la arena. Un silencio, en cambio, es la sombra de un gigante en un cuarto oscuro.

VI

La madrugada es un conjunto de sueños inalcanzables.

VII

Un payaso camina de madrugada. Lo siguen cinco perros callejeros. Va de calle en calle, entre bala y bala. Quién sabe si dormirá en casa.

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