miércoles, octubre 07, 2009

El jardín

Antonio Flores Schroeder
Estos tiempos de silencio en mi jardín, en el que las líbelulas recorren los edificios construídos sobre la dinastía del imperio subterráneo de las hormigas, no son mas la luz de aquellas horas, días, años en que me sentaba a observar el fragil vuelo de mis ideas, obras de teatro que subían a escena, en el cielo, que era un gran pizarrón mientras gritaba el nombre de una ó mil mujeres.
Eran meses en que sus senos se dibujaban bajo el a-b-cedario de las caricias, y las estrellas
en (des)ciertos lugares, se pintaban de eyaculaciones u orgasmos cada vez, que iniciaba el bombardeo de imágenes durante las lecturas de mis sueños.
Eran cálidas o frías: en ellas (re)conocía sus espaldas, muslos, unas con gritos y otras con risotadas al término de cada sexo.
Hoy, en estos tiempos de silencio, en el que las líbelulas recorren los edificios construídos sobre la dinastía del imperio subterráneo de las hormigas, espero en la pólvora de frases incongruentes la llegada de otros días, parques, mujeres, porque al principio, o tal vez al final de la próxima historia, alguien se desbordará junto a mi y caeremos en cámara lenta en medio de colores o del blanco y negro. Yo no lo sé.

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