martes, abril 11, 2006

La Semana Santa es buena para recordar no sólo la sangre, la carne y el mito, sino palabras muertas que durante la noche abandonan la cruz para arrastrarse sobre nuestros ojos inmóviles. Y entonces no nos queda tiempo ni espacio. Sólo la lectura. Encontré entre el armario un viejo libro de uno de los dioses de la literatura argentina: Julio Cortázar. A continuación trasncribo con mis manos temblorosas un fragmento de su texto “El río”, de final de Juego. Espero les guste, feliz fin de semana largo:

”La sábana te cubre a medias, mis manos empiezan a bajar por el terso dibujo de tu garganta, inclinándome respiro tu aliento que huele a noche y a jarabe, no sé cómo mis brazos te han enlazado, oigo una queja mientras arqueas la cintura negándote, pero los dos conocemos demasiado ese juego para creer en él, es preciso que me abandones la boca que jadea palabras sueltas, de nada sirve que tu cuerpo amodorrado y vencido luche por evadirse, somos a tal punto una misma cosa en ese enredo de ovillo donde la lana blanca y la lana negra luchan como arañas en un bocal”.

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