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sábado, noviembre 05, 2005

Caminos

I

No recuerdo cuántas veces lo hice. Debieron haber sido muchas. La última vez que descendí fue el sábado, en el balcón del apartamento de una amiga que vive en la calzada del olvido. Y es que si ustedes hubieran visto lo difícil que me resultó poder escalar desde el abismo de la alfombra hasta el tercer piso del librero de la sala, comprenderían la mirada enojada de Oriana.

II

La luz amarillenta es un temblor, una baraja humedecida con whisky en una tarde fría (a medias) de tus piernas que ya no tomaré. Un relámpago tras un trago de amor a secas, un grito de la vecina borracha desde el patio donde ya no juegan
los niños locos que gustaban perder canicas entre el miedo del alacrán.

III

Letras, más letras. Alguien debería enlatar acentos y proclamar victorias contra la lengua inquisidora. Esconder los sonidos y perder monosílabos en el retrete. Esas putas palabras de más, un pinche día van a llamar a huelga y entonces no habrá más que hacer mas que una fogata con diccionarios y otros alegatos del diablo (ya existe una alerta).
Castración química...
vamos a debatir

Antonio Flores Schroeder
La semana pasada la diputada estatal por el Partido Acción Nacional, Victoria Chavira, presentó una iniciativa para aplicar la castración química contra pederastas.
Hasta el momento ha sido la prensa escrita la encargada de propiciar y difundir un debate serio entre especialistas, políticos y organizaciones no gubernamentales, y no, como debiera de ser, el Congreso del Estado.
Sería interesante conocer si la fracción blanquiazul tiene en mente convocar no sólo a la sociedad chihuahuense, sino a expertos en el tema, a que participen en una discusión para saber qué piensan acerca de la polémica iniciativa, y ver jurídicamente, qué tan factible es aplicar la medida en el estado.
Aunque la historia de la castración tuvo su inicio con el imperio romano, cuando los primeros sacerdotes cristianos la practicaron voluntariamente para mantener el celibato, es hasta hace poco que distintos gobiernos en Europa y en Estados Unidos, la han aplicado químicamente a pederastas.
La castración de violadores es una moda mundial. Uno de los últimos países en donde se puso en práctica un plan piloto para llevarla a cabo es Francia. Hace un año exactamente, el país europeo se encontraba inmerso en un gran debate, después de la propuesta de su ministro de Justicia, Dominique Perben.
Dos meses después, en enero del 2005, decidieron implementarlo con 48 delincuentes reincidentes. Éstos se sometieron a un tratamiento que inhibe las hormonas sexuales masculinas, mismo que durará hasta el 2007.
Las autoridades francesas piensan que con el proyecto es posible desmasificar las cárceles. Es interesante conocer, por ejemplo, que en el país galo el 22 por ciento de los reclusos están condenados por delitos sexuales y el 75 por ciento de éstos son pederastas.
La castración química se basa en la posibilidad de que el ascenso de los niveles de testorerona, puede aumentar la agresividad. En 1972 Kreuz y Rose realizaron un estudio con 21 jóvenes criminales y llegaron a la conclusión de que los que habían cometido en su adolescencia delitos más graves y violentos, tenían niveles superiores de testorenona.
En Alemania, uno de los países más avanzados en la ciencia, la castración química voluntaria se practica desde el año 1969 y en Suecia, desde 1993.

w California y Florida
En Estados Unidos, a raíz del crecimiento del índice de ataques sexuales contra niños y el enojo de su sociedad, en 1996 California se convirtió en el primer estado norteamericano en aprobarla como requisito obligatorio para que algunos reos pederastas pudieran tener acceso a la libertad condicional.
La castración es opcional para los pederastas primerizos y obligatoria para los reincidentes. En ambos casos, los condenados pueden escoger entre la castración permanente (extirpación quirúrgica de los testículos) y la temporal (inyecciones semanales de Depo- Provera).
La ley de Florida autoriza a los jueces a condenar a un acusado de delitos sexuales a castración química, que será obligatoria en el caso de los delincuentes sexuales reincidentes (siempre y cuando un informe médico aconseje el tratamiento). El juez determinará la duración de dicha medida, que puede ser de por vida.
Debido a que el sistema de justicia del vecino país no se anda con medias tintas (como debe de ser), si el condenado deja de recibir el tratamiento, sin la autorización de las autoridades a cargo de llevar el procedimiento químico, el reo no sólo habrá violado su libertad condicional, sino que habrá cometido también un nuevo delito.
A pesar de que los crímenes y ataques sexuales contra infantes han disminuido, en Estados Unidos es cada vez más creciente un movimiento fuerte y exigente que propone que se endurezcan aún más las sanciones contra los violadores sexuales, por eso es importante que los legisladores panistas o el Congreso en su conjunto, traten de manera civilizada el tema junto a los especialistas que pudieran poner su grano de arena dentro de esta polémica iniciativa.
En mi opinión creo que la propuesta de la diputada panista no es mala. Siempre he pensado que a la justicia no le debe temblar la mano para imponerse, para mantener la paz social y la tranquilidad de una sociedad.
En su iniciativa local, la legisladora explica que la castración química consiste en la aplicación de una inyección semanal de sustancias que disminuyan el nivel de testosterona (hormona masculina) en el delincuente y con ello es posible inhibir o eliminar el deseo sexual.
Para ello se emplearían anticonceptivos femeninos tales como el “Depro-Provera”, que disminuye el deseo sexual, dificulta la erección y la eyaculación, y reduce la frecuencia de pensamientos eróticos; o la “leuprorrelina” o el “acetato de ciproterona”, tratamiento este último para el cáncer de próstata, señala la propuesta.
El tratamiento sería aplicado en aquellos reos que aceptaran someterse de manera voluntaria, como requisito para obtener la liberación anticipada.
Es importante explicar a los derechohumanistas (que a veces parece que protegen más a los criminales), que por no tratarse de un método definitivo que implique una mutación, no va en contra de los derechos de las personas. La castración química no es irreversible, a diferencia de la castración física.

w Polémica
Si se piensa aplicar el método a los pederastas en Chihuahua, saldrían a relucir muchos detalles. Uno de ellos es: ¿Aceptaría usted que en su colonia hubiera un pederastra castrado químicamente? ¿Le gustaría que anduviera libre cerca de donde sus hijos se divierten?
Obviamente a nadie le gustaría tener a un sujeto así cerca de casa. El sentimiento de venganza afloraría tarde o temprano, como lo dice en la edición de hoy, Efrain Rodríguez Ortiz, especialista en sexología de la UACJ.
Por eso es necesario el debate y, creo yo, endurecer la iniciativa, la educación, mejorar nuestro sistema de justicia...