sábado, noviembre 05, 2005

Caminos

I

No recuerdo cuántas veces lo hice. Debieron haber sido muchas. La última vez que descendí fue el sábado, en el balcón del apartamento de una amiga que vive en la calzada del olvido. Y es que si ustedes hubieran visto lo difícil que me resultó poder escalar desde el abismo de la alfombra hasta el tercer piso del librero de la sala, comprenderían la mirada enojada de Oriana.

II

La luz amarillenta es un temblor, una baraja humedecida con whisky en una tarde fría (a medias) de tus piernas que ya no tomaré. Un relámpago tras un trago de amor a secas, un grito de la vecina borracha desde el patio donde ya no juegan
los niños locos que gustaban perder canicas entre el miedo del alacrán.

III

Letras, más letras. Alguien debería enlatar acentos y proclamar victorias contra la lengua inquisidora. Esconder los sonidos y perder monosílabos en el retrete. Esas putas palabras de más, un pinche día van a llamar a huelga y entonces no habrá más que hacer mas que una fogata con diccionarios y otros alegatos del diablo (ya existe una alerta).

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