jueves, septiembre 22, 2005

Juxloba

Por Antonio Flores Schroeder

I

Eran unos cuantos. No sé exactamente cuántos. Al principio los veía cruzar desde el pasillo hacia la recámara en donde reposan los libros pacientemente olvidados. Sus apariciones terminaron por volverse un lugar común. Sólo quedó uno: Juxloba. Debió haber creído que yo no sabía de su existencia. Varias veces pude ver su sombra espíandome hasta que un día se empeñó en asustarme. Jamás pensé que sería capaz de eso. Aún sigo frío.

II

Sus ojos eran como el mar de noche. Un día lo pude ver detras del crucifijo que tengo en la sala. Todo sucedió en una milésima de segundo. El día oscureció. Estaba en todas partes. En el vaso de agua una tormenta en mi corazón, un sismo en la cama y una grieta en el techo del cuarto. Abrí la Biblia. La luz regresó.


III

Esa noche me invadió el pánico. No sabía por qué. Sólo intuía que alguien más estaba en mi habitación. El sudor inició una cascada en el desierto que era mi cuerpo una sábana de terror. Quedé inmovil. Pasaron los minutos una sombra por recuerdo hasta que al fin pude gritar. Azotó la puerta de la cocina con toda su furia. Ya no regresó.

No hay comentarios.: