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martes, julio 19, 2005

El regreso

Antonio Flores Schroeder
Cuando los vi por primera vez no lo podía creer. Fue hasta la tercer semana de apariciones cuando pude comprender lo que en realidad me estaba sucediendo.
La primera tarde se trataba de un jueves cualquiera. Ese día, lo recuerdo bien, la lluvia no cesó. Desde que salí de la junta de redacción y escuché el delicado sonido del trueno sentí que las cosas no andaban bien.
Seguramente quien lee esto dirá que un servidor está loco. Pero no.
Quien caminaba por el pasillo era nada menos y nada más que Roger Waters. (Sí, el ex integrante de Pink Floyd).
-A la chingada, que mal viaje -atiné a decir en voz baja.
-¿Qué traes loco? -me dijo una amiga reportera.
Quedé en silencio mientras observaba como Waters encaminaba hacia el área de prensa acompañado de una guitarra sin cuerdas.
Y ahí empezó la historia. Le siguieron distintos músicos y otros jóvenes que cargaban instrumentos musicales de todo tipo. Alu-ci-nan-te.
Después entró el equipo de luces y sonido. La fila de trabajadores se había tornado infinita. Afortunadamente nadie de los reporteros ni los diseñadores se percató de lo sucedido, ni siquiera cuando se escuchó la voz del bajista a través de uno de los micrófonos, para pedir un vodka con naranja, justo cuando se empezaba a inundar el periódico por la tormenta que lloraba afuera.
Varios de nosotros tuvimos que quitarnos los zapatos porque el agua había iniciado su escalada para ahogarnos, apenas nos llegaba a los tobillos.
No había de otra. Había que desconectar el equipo de sonido y luces que Roger había enchufado en todas partes.
El reportero de la fuente policiaca se picaba los ojos; una diseñadora pintaba fantasmas en la pared y un coeditor daba vueltas en óvalos alrededor de quince cerillos que flotaban en el agua.
Shine on you crazy diamond había empezado.

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