jueves, junio 02, 2005

Días contados

Por Antonio Flores Schroeder

Al principio era como cualquier otra gente que veíamos pasar frente a la casa en una tarde sin remedio. Era lunes y el señor Equis cargaba bajo sus hombros a un cachorro. No resultaba anormal la escena.
Tres días después el sujeto caminó por el mismo lugar. Esta vez con el cachorro un poco más grande.
El viernes cuando regaba el jardín donde he guardado la arena a un lado de los olímpicos grillos que cantan menos que en otros años, volví a ver al señor Equis.
Ese día bajo sus hombros el otrora cachorro era un enorme animal difícil de cargar -lo suponía por las gotas de sudor que resbalaban por la frente de Equis y perforaban el asfalto caliente-.
El domingo la imagen se transformó. Ahora era el perro quien llevaba al hombre en su hocico. Equis estaba muerto. La sangre aún goteaba por uno de sus oídos. Lo recuerdo bien.

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