martes, junio 14, 2005

Crácter

Por Antonio Flores Schroeder

Habían regresado a su escondite. Los vi desde que destaparon la alcantarilla y uno a uno fueron escondiéndose bajo las palabras del calor. El último en entrar giró la cabeza en busca de los cuatro vientos. Encontró nada.
Escuché su dialecto por sílabas. Tres dos una humadera sobre los crácteres del asfalto imaginario.
Permanecí diez horas escondido. Tras el cristal de la ventana de la casa abandonada los veía. Luego de mil enunciados sin acento y fantasmas vistos sin color abandonaron la mentira a escalofríos. Emigraron el lodo y las leyendas hacia el olvido.
Primero fue el banquero, luego el político y el gobernante, después el empresario y el sacerdote.
Se limpiaron los restos de noche y partieron hacia donde apuntaba la brújula loca. Se esfumaron.
Corrí hacia la alcantarilla. Giré a los cuatro vientos y encontré a nadie.
Pensé saldríamos todos un oscuro laberinto. Pero no.
¿A dónde habrán ido el banquero, el político, el gobernante, el abogado, el empresario y el sacerdote?
Se llevaron la vida.

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