lunes, marzo 21, 2005

Visiones a tres tiempos



Por Antonio Flores Schroeder

I

La estrella está solamente sola. Apenas dos, tres, cinco ruedas nadan el asfalto turbio del cielo, que llueve, arena y sombras, que deambulan en la parte trasera del bar. El cantinero se asoma y ríe (mientras mira el espejo de la barra en donde está el indio con su pipa de cristal, sucia, fantasma, casi imperceptible a la luz de mis ojos que están en todas partes) y me pregunta ¿qué chingadamadre se festeja hoy?

II

El día me recuerda los años de la secundaria. El futból y las descargas eróticas de la maestra de inglés. El polvo que no me dejaba ver después de bajar del camión cerca de San Lorenzo. El libro de lógica que arrojé al basurero de la mamá de mi otro vecino. Esos días en los que el viento no me dejaba encender el cigarro que luego caía despadazado al suelo y que tras los minutos encontraba en alguna otra cuadra. La música de Paul van Dyk que escucharía en Global un día de estos. Explosiones en mi cabeza.

III

El láser y los extraterrestres. La película. Salir del cine y pelear con los demás niños vestids de súper héroes. Niko Liko, el payaso de la televisión y sus pasteles que luego nos dabámos cuenta contenían carne y arroz (después de haber comido el chocolate). Meternos a la alberca (sin agua) y creer ahogarnos en el mar de los pecados. Escuchar a Dios relampaguear entre los arbustos y los pinos de la sierra tarahumara. La luz del tren surcar los pastizales de toda una vida.

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