domingo, febrero 27, 2005

Entre la nube y la bala

Antonio Flores Schroeder
Siempre que me levantaban los disparos en la sierra escuchaba a mi padre decir “En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria”.
Luego ya empuñado en armas sacaba el rifle por la ventana y mi madre sólo atinaba a decirle “Ay antonio, ya estás soñando otra vez”.
Con el tiempo supe que las palabras de mamá tenían otra razón para existir en ese momento y que no se trataba de la realidad, sino de la otra realidad.
Ahora cada vez que disparo recuerdo los árboles esquivando las tanquetas entre referencias de otros días.
(AFS)
 

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