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jueves, diciembre 09, 2004

Cuando te vayas

Dormirás, mujer, porque
hemos olvidado el sol
detrás de aquellos grises edificios,
donde la muerte paseaba triste,
lívida,
en una tarde amorfa
cuando la fuerza del día
era en blanco y negro.


AFS/oct/2002

miércoles, diciembre 08, 2004

Apuntes sobre Cartridge

Me nació la idea de crear en este blog una historia, la cual será editada de forma continúa, con avisos como (E1)que quiere decir Edición 1 y así sucesivamente.
Para no hacer de esta explicación un remolino de locura, ustedes empezarán a ver en Cartridge un experimento virtual-literario.
La historia sucederá por capítulos, que repito, serán re-editados.

AFS

martes, diciembre 07, 2004

Años después

Estos sonidos de palabra
buscaron en tu lugar de sexo
horas donde la muerte
se entregaba muda
en un parque cualquiera.
Y cuánta rareza encontré:
silbidos
noche entre ropa
armario (in)móvil que dejaste
de tus medias un fantasma.


AFS/Nov.2002

lunes, diciembre 06, 2004

La felicidad autor-lector


Antonio Flores Schroeder
Intentar extraer la porción mínima de felicidad a través de la escritura, conlleva otras formas de sentimiento diametralmente opuestas a las que el ser humano actual tiene poco acceso.
En las letras el triunfo se encuentra en círculos mentales de donde emana la otra visión en la que el escritor (ese ser detrás de otro ser), puede encontrar la llave a una felicidad alterna.
No es el hecho sino el sustento que se tiene a la hora de practicar el ejercicio gramático lo que convierte a los textos en buenos, regulares o malos. Debajo de toda construcción literaria debe de existir un buen cimiento para que las puertas del infierno que tiene el lector, no sean abiertas.
Ese cimiento son los hilos por los cuales somos guiados como marionetas: los sentimientos.

Entre bardas te verás


Antonio Flores Schroeder
Varias veces pasé la hora de la tarde sentado en esa barda. Entonces el sol con sus trazos un delfín en el cielo de invierno. Y eran palabras la vida inagotable de los grillos que me veían desde el abismo de sus escondites. El reloj de cuerda de mi cuarto una eternidad no dejaba de sonar su tictac-tictac-tictac y se escuchaba muy lejos el tren y soñaba con ser grande. A veces se asomaban perros y venían amigos a escribir las bardas sus poemas invisibles. Cuando menos lo pensaba el guardia del parque corría detrás de nuestras sombras. Y bajaba de un brinco hasta caer en la tierra y retumbar el mundo de los grillos que veían la escena en silencio. Emprendía la huída hasta determe el cansancio de la maquiladora y las oscuridades que rodeaban la casa. Entraba hasta el cuarto y abría algún libro para olvidar que no éramos libres, como ahora.
Cartas sobre Eaglejazz (II)

Baboriny, ahora que la corazonada es cada vez más latente para dar el golpe final, te digo que le dieron a Druca una licencia extrapenal para que abandone la cárcel en Costa Rica. Mientras tanto hemos mantenido algunas alianzas con grupos separatistas que a su ves han hecho estrategias con grupos de poder en ciertas guerrillas. Me da un gusto enorme saber que Eaglejazz está vivo pero más gusto me da saber que contuvieron sus sentimientos. De no haber sido por esa razón que tuviste para no dejar salir a los compañeros al exterior, posiblemente nunca hubiera leído la carta que me enviaste con Juan. Las armas que vi en uno de tus campamentos creo que la podemos usar de este lado de la vida. Varios miembros de mi grupo te quieren conocer, entre ellos están cuatro sujetos de Praga que manejan bien los dispositivos de urgencia que usamos en París antes de que ocurriera lo de la muerte de El Punto.

Ambla Sa Sambla
El Paso, Texas
26 de agosto de 2002.
Cartas sobre Eaglejazz (I)

Ambla, quizá no lo lo vas a creer pero ayer lo vi deambular frente al edificio donde el grupo ha pernoctado las últimas noches. El Eaglejazz iba sin rumbo como en los años pasaderos donde perdió alguna de sus vidas. Llevaba el palo de golf y el casco de motociclista alemán que le regalaste en 1986. No estoy seguro pero de su mano izquierda colgaban los lentes que robamos en aquel circo donde se te ocurrió detonar la bomba en El Salvador. De los demás utencilios que portaba nuestro amigo de batallas no tiene caso nombrar. ¿Para qué?
Sólo te escribo que le faltaba el ratón muerto que siempre jalaba con un lazo y por el que siempre te enojabas por los olores que éste despedía.
Creo recordar que al final (antes de inciarse en aventura de su eterna tarea), allá por Guatemala, sólo arrastraba huesos porque la piel del ratón había quedado sobre el poco pavimento de El Encuentro. Varios de los que puedieron verlo anoche por la ventana, sucumbieron y estuvieron a punto de salir en su busca, pero ya hemos visto que los recuerdos y las nostalgias nos han quitado a varios miembros del equipo y eso es muy peligroso. Lo dejamos ir.

Nos vemos

Baboriny
Bogotá, Colombia.
A 6 de julio de 2002.

domingo, diciembre 05, 2004

La barra de la Universidad

Poco o nada he comentado en este espacio mi afición por el futból. Hoy he tomado la decisión de hacerlo pero sólo con algunas palabras.
La razón por la que escribo de esta patética costumbre que me ha acompañado desde que tengo uso de razón (si es que la tengo), es que mi equipo favorito está en la final de la liga mexicana.
Obviamente no me refiero al Monterrey y para qué vaciar su nombre en este blog del pecado y la mala costumbre.
Ojalá obtengan el bicampeonato.
La Fiesta

Extravié el mundo a llantos.
Agua entre dedos escurrió
hasta convertirse en arena
y retumbar mis pies
historias de aire, fuego.

Me tragué a dos tiempos
voces de mil nombres.
Las piernas se asfixian,
caen como edificios sin color
y no queda más sostener
el reloj del cadáver.

Las luces amontonadas
perviven en la sala de mis manos
y los grillos con aliento de ceniza
reinician de entre otros días
revoluciones ajenas.
Se van.

Ahora todo es nada
-veo sólo la memoria
y gestos de sonrisa-.
Whisky y Ginebra.

AFS