viernes, noviembre 05, 2004

La banqueta

Antonio Flores Schroeder

-Yo le dije que hiciera caso-, decía una mujer sentada en la banqueta con una caja entre sus brazos.
En realidad quienes pasábamos por el lugar no sabíamos qué parlaba la mujer.
Me dirigía al trabajo y como casi siempre se me habían quedado algunos minutos entre las sábanas de mi cama.
De regreso al departamento, ubicado en el quinto piso de un viejo edificio en la avenida 16 de septiembre, volví a encontrarme con las mismas palabras gastadas de la mujer.
Una vez que la dejé atrás por la prisa que llevaba, escuché de su voz mi nombre.
Al principio pensé se trataba de una desviación auditiva propia de mi avanzada edad, sin embargo, no fue así.
-Antonio, Antonio-, su voz flotaba entre los ruidos de los camiones urbanos y algunos pájaros que se mantenían impávidos sobre los árboles artificiales.
Me devolví. No quedaba más.
-¿Me conoce?-, le cuestioné.
La gente que pasaba por ese lugar, quizá la misma que transitó por la acera en la mañana, les parecía extraño que estuviera hablando con la mujer que seguía pronunciando mi nombre una y otra vez.
Me recuperé y volví a tomar de mis pasos sus sombras para poder caminar.
No debieron haber transcurrido diez minutos, cuando escuché una fuerte explosión y después gritos y más gritos.
Quise reirme, antes de perderme entre la gente, pero se me olvidó cómo hacerlo.
Al poco tiempo supieron que se trataba de la primer mujer bomba en Juárez.



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