miércoles, noviembre 10, 2004

Irma en la ciudad de las maravillas


Por Antonio Flores Schroeder
-Quien fuera narcotraficante para comprarse esa trocota-, le dijo la señora Martínez a su comadre, mientras hacían el alto en un semáforo frente al fraccionamiento Campestre.
-Fíjate comadre, no te había comentado, ya que hablas de narcos, el otro día el padrecito al que le confiezo mis pecados los jueves, me invitó a entrarle-, le dijo al ver la camioneta que estaba a un lado de ellas.
-Ay Irma, cómo crees que te va a decir eso el padre Germán-.
-Deveras, me dijo que abriera un negocio, como la panadería que abrió frente a la iglesia-.
El semáforo se puso en verde y avanzaron junto a los demás automovilistas.
-Dios te va a castigar, por andar inventando cosas, ¿cómo va a ser dueño de esa panadería si está tan lujosa-. La duda de Martha era grande.
-Ya hasta le he dicho a mi esposo que traigo hartas ganas de entrarle, digo, si los ingenieros, arquitectos, abogados, doctores, políticos y futbolistas de la ciudad lo hacen, porqué una no lo puede hacer, una que se ha madreado una vida en cuidar de los chamacos, en levantarse todos los días temprano, que se ha aguantado las ganas de engañar a su esposo con el primer cabrón que se le atravieze, porqué una no lo puede hacer, me pregunto-, replicó Irma con un aire de insolencia y agregó:
-Mira Martha, es que si los vieras, piches hijos de la chingada, creen que con sus trajecitos engañan a la gente, a la gente que como tu no le entra, no porque no quiera, sino porque tiene miedo-.
-Ni digas eso en voz alta, no vaya a ser que alguien nos vaya a matar por tus tonterías, yo mejor ni me meto, no soy pendeja-, sentenció su comadre asustada.
-Si los vieras, piches putos, van biblia en mano y ni quien sepa la verdad, yo creo que por se enojaron con la película del Padre Amaro-.
Por fin llegaron a la escuela a recoger a los niños de Martha.
-Bueno pues ya no me digas nada, que se van a subir mis hijos y mañana sábado tienen catecismo, no vaya a ser que no quieran ir, pero después me dices cómo puedo abrir un negocio de esos-, le dijo apurada antes de que se subiera Pedro y Moisés.

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