viernes, octubre 22, 2004

Las horas de octubre

Antonio Flores Schroeder
Esas veces, días, horas que me azotan, termino a deseos de recorrer el mundo en un instante.
Más allá de los retratos que he recortado, desde el frío atardecer de mis manos, regreso entre luces que me despiertan, y entonces se abre el muro y se apaga el fuego, corren por mis venas palabras, restos de una Biblia quemada que guardo bajo la cama.
A veces cuando esos demonios, esas ideas, esas manecillas que dilatan mi sueño, intento resucitar y me cubro bajo las sábanas, pero todos mis intentos por no tropezar fracasan.
Dios, ¿a qué quieres jugar?.
Dímelo tu, escuché una voz en el teléfono, desvaríos, voces, ecos, el día que podría haberse acabado y luego despertar. Ir a buscar lo inexistente sentado frente al piano de tu cuerpo, salir a caminar por las calles de Juárez en medio del día, sin más remedio que empezar de nuevo a contar los mozaicos quebrados en mi casa.

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