lunes, octubre 04, 2004

Familiares

(A Harry Potter, mi amigo el que diseñaba realidades gráficas alternas, cuando el mundo era otro en Nogales)


Antonio Flores Schroeder
Ya casi no me acordaba de esos días. Fue hasta hoy, cuando corrí la cortina del cuarto, que volví a ver a uno de ellos mientras se sostenía en la rama del arbol.
Al principio no pude creerlo. Y es que yo pensaba que los habíamos exterminado a todos.
Seguramente ustedes no sabrán de lo que hablo, por eso me limitaré a explicarles lo que me sucedió, junto a un tío, hace unos cinco años.
En 1999 uno de mis familiares antes citados me habló por teléfono y me pidió que fuera a su casa lo más rápido posible.
Apenas me acercaba a la puerta para tocar el timbre la abrió repentinamente.
-Pásale, hay un chingo de esas madres en el patio-.
Me jaló de la camisa. No pude ni saludar a mi tía y a mis primos, que por la expresión de sus caras, comprendí que las cosas estaban volteadas al revés.
A través de la puerta de cristal lo vi. Un escalofrío recorrió mi cuerpo.
Se trataba de unos pájaros. No, no eran pájaros, más bien eran una combinación, no, tampoco eran una combinación, eran ellos solos.
Uno de ellos se encontraba sobre la casa del perro. Sus ojos eran grandes y tenían un plumaje amarillento que nunca había visto. El cuerpo era como de un gallo, y las patas, que eran tres, no le medían ni cinco centimetros.
Conté cuarenta.
Mi tío sacó dos pistolas. Abrió la puerta y comenzamos a dispararles. Ni siquiera se movieron de su lugar. Uno a uno cayeron.
Cuando los asesinamos a todos, mi primo hizo con una pala un hoyo en el patio y los enterramos a todos.
Aquello era inaudito. Por motivos de salud mental, nunca volvimos a tratar el tema.
Pensé que era un sueño, hasta hoy que corrí la cortina.













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