domingo, septiembre 12, 2004

Más recuerdos de Laesta


Antonio Flores Schroeder
La nostalgia siempre acaba por ganarme. En las últimas horas me azotaron los recuerdos de aquel taller literario, que aunque muchos no lo acepten por razones 'politicoculturales', fue el único grupo de esa 'institución' que no recibió apoyo del Instituto Nacional de Bellas Artes, pero el que más trabajo realizó.
Pero bueno, mejor que meterme en cuestiones meramente personales, relataré de manera breve otra de las imágenes que hasta el día de hoy no se han borrado de mi turbia mente.
En el taller había un joven al que conocí en la librería Clips con el que dimos inicio a una serie de actividades culturales que tuvieron mucho éxito los sábados por las noches, allá a finales de 1999 y principios del 2000.
Su nombre es Sergio Avila, un buen tipo del que hay muchas historias, las cuales se han tornado en una especie de mitos (o por lo menos chistes, como lo quieran tomar).
En una ocasión, minutos antes de asistir a la sesión del taller, Sergio me dijo que no tenía material, pero que 'quizá podría servir un texto que le gustaba mucho'.
Llegamos en mi carro a su departamento, ubicado sobre la avenida Vicente Guerrero, casi esquina con López Mateos.
Lo aguardé en el auto por espacio de (supongamos) diez minutos. Antes de que encendiera mi segundo cigarro subió al Tsuru desesperado:
-Ya chingé, vamos a una papelería a sacar copias-
No tomé mucha importancia al hecho, porque conocía muy de cerca su irresponsabilidad. Jamás me pasó por mi turbia mente (otra vez) que incurría en un vil plagio.
Recuerdo muy bien las palabras de uno de los talleristas, creo que fue López Landó, que le indicó que era una falta de respeto llevar un texto escrito 'a pluma'.
Con los años me enteré de que aquellos versos eran una copia de un gran trabajo literario. Aunque no recuerdo a ciencia cierta el nombre del trabajo original, le pueden preguntar a Zerk.
Lo curioso de este penoso asunto también debe ser comentado. Me refiero a que en la convocatoria que hizo el INBA para el taller, solicitó a los interesados llevar copias de su trabajo 'literario'.
Meses atrás Sergio incurrió en otro delito no sólo moral sino legal.
Dejó todo para el último minuto.
Aunque parezca chistoso no lo es. Sergio Avila burló a los funcionarios del INBA que seleccionaron a los jóvenes que participarían en el taller.
Los responsables de entregar un grupo de nacientes escritores y otros no tanto al doctor JMGG, fueron el flamante escritor chihuahuense Enrique Cortazar que por cierto, me gusta como escribe (no es chiste), y el otro es es el poeta Jorge Humberto Chávez.
De Laesta hay muchas cosas que contar, por ejemplo ¿Cómo nació el nombre de Laesta?. Pero mejor, que esa la cuente "El Lobo", Zerk o Santana.
Da gusto enterarse de que la lectura del sábado fue un éxito. No podía ser de otra manera.
Así las cosas.























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