domingo, septiembre 12, 2004

Este texto lo encontré en un archivo de la computadora. Lo escribí poco antes de irme a Sonora. No tengo la fecha exacta pero fue es de hace dos años (Más o menos).

El dios (puras piñas)

Antonio Flores Schroeder
A las once aeme Juarez se disfraza de arena, antes de que hombres de amarillo limpien esos vestigios, miradas del pasado.
Para la mujer de la piña ya no será igual, me dijo un reportero.
El mundo le había encendido el vientre con un sueño. Le expulsaron de la Catedral sin que al padre le importara que las puertas de su conciencia eran golpeadas por un ir y venir de borrachos, esos hombres de locura pasajera que viven en el paraiso terrenal.
La mujer -ya con su piña podrida- insistió. Tocó ventanas, luces, fantasmas que habitan cantinas de la zona centro.
Nadie le brindó ayuda. Al contrario, varias fueron las ancianas que corrieron cortina para evitarles a sus nietos, la pena de ver caer en la interperie a una mujer.
No pudo más. La dama de la piña tomó de un bote de basura un cartón y lo acomodó sobre la banqueta.
Desnudó su cuerpo blanco, el cabello en el tendido. Al cabo de un tiempo pudo escuchar el llanto de un recién nacido que aparecía entre la niebla y su piel.
Nadie imaginó que de esa señora -muerta de hambre-
nacería otro dios.

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