martes, septiembre 14, 2004

El búho

Antonio Flores Schroeder
La historia que a continuación relataré aún me sigue causando terror cada vez que salgo al patio trasero de la casa.
Hasta hoy, cinco años después, he decidido escribir lo que ahora sangra a través de mis dedos que golpean monótonamente el teclado de esta vieja computadora.
La anécdota marcó mi juventud y hasta hoy suele despertarme de madrugada mientras la fiebre se apodera de mi cuerpo.
Un día antes de que mi madre muriera presa de su diabetes, enfermedad terrible de la que nunca pudo escapar, mi hermana lavó la ropa y me pidió la acompañara a colgar la indumentaria en el tendedero.
Tenía sólo una hora para llevar a cabo nuestro cometido, antes de regresar al hospital para cuidar a quien nos había visto crecer de juego en juego hasta que aprendimos a parlar.
Al momento que mi hermana colgaba un vestido en el cordón que ya sostenía más de una decena de prendas, un búho sobrevoló la casa por algunos minutos.
Sin saber cómo fue a parar a ese lugar, el búho apareció en una de las ramas del árbol de la casa del vecino.
El ovíparo emitió un extraño ruido y entonces mi hermana empezó a sollozar en silencio.
No me interesé en las razones de aquel llanto que comprendí lógico. Pensé que sus lágrimas se debían al estado que guardaba mamá en el cuarto del hospital en donde vivió sus últimos cuatro meses.
Dos días después de la sepultura de aquel sábado lluvioso, me contó la conmovedora historia.
Sólo de recordar sus palabras el corazón se me nubla.
Un día Ivonne acompañó a mamá de compras. Mi hermana escuchó atenta la narración mientras se dirigían al supermercado. La historia se le grabó en las entrañas.
“Cuando los búhos cantan es que se va a morir un familiar”, sentenció mi madre.
Desde entonces Ivonne guardó un profundo temor a esas hermosas aves nocturnas.
La frase le fue explicada meses después.
Un tío contó que horas antes de haber muerto el abuelo, una mañana un búho se paró en la barda del patio de su casa.
Por la tarde la policía les habló por teléfono para informarles de un accidente que le arrebató la vida mientras viajaba en un camión a la ciudad de Chihuahua.
Desde que me contó lo sucedido jamás he vuelto a visitar el zoológico.
Ante el temor de encontrarme de frente a un búho, mandé a clausurar con ladrillos las ventanas de mi departamento.
Aunque a muchos parezca cosas de locos mis últimas actitudes, tampoco me gusta andar de noche fuera del hogar y mi sirvienta tiene órdenes explicítas de taparme los oídos antes de marcharse a su dormitorio, ya que no quisiera volver escuchar el ruido que emitió aquel búho.




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