miércoles, septiembre 01, 2004

Cuentario

Pistas y traiciones*

Por Antonio Flores Schroeder

Lo que alcanzó a ver Mariana le bastó para darse cuenta de lo que ocurría. La historia se repitió como si se tratara de una película de terror.
-Fueron otra vez los judiciales-, exclamó en voz baja la reportera al fotógrafo que la acompañaba.
-Sí, estos hijos de puta se las llevan a los sicarios del cártel-.
Uno de los oficiales de la Procuraduría General de Justicia del Estado que custodiaba el área alcanzó a escuchar.
-Shhhh, cállate que te oyen-, replicó asustada la mujer.
-¡Que me escuchen!-, gritó el caza imágenes para que todos se dieran cuenta.
La víctima se trataba de una mujer dentro de un hoyo de unos dos metros de largo por uno de profundidad. Tenía una herida en el seno izquierdo, escoraciones en los brazos y varios golpes en el rostro que le habían provocado hemorragia bucal y por la nariz. Su pantalón de mezclilla estaban debajo de las rodillas. Tenía amarrada a su cuello un cable eléctrico color blanco.
Los ojos de la mujer parecían estar aún con vida, sumergidos en un rostro moreno pálido de una niña con labios secos.
Pocas veces la reportera había quedado tan sorprendida como esa mañana. Durante su primer año como comunicadora se había encontrado con crímenes entre narcotraficantes o suicidios, pero esta era la primera ocasión que veía de frente un asesinato de una mujer con tanta saña.
A través de sus lentes semioscuros, el oficial que había escuchado la queja de los periodistas vio la cara de frustración de la reportera, los curiosos que observaban desde lejos la escena del crimen y algunos policías que buscaban
inútilmente evidencias sobre la tierra y las espinas.
-Pinches judiciales culeros, ya me han dicho que les llevan a los sicarios mujeres para que las violen y la maten... estos han de ser los que ejecutan a los rivales del cártel- reclamó el fotógrafo, sin saber que 10 años después descubrirían una narcofosa en el fraccionamiento Asequias de Ciudad Juárez, que pondría al descubierto la protección de la Procuraduría a los narcotraficantes.
Horas después cuando el departamento de comunicación social rindió una conferencia de prensa, el oficial abordó a la reportera y le entregó una servilleta con una leyenda escrita con lápiz:
“Tengo información importante para usted, busque quiénes son aquellos que manejan en sus negocios refrigeradores grandes, en algunos cuerpos hay evidencias que pueden explicar muchas cosas que aquí se han ocultado. En un estudio forense de 1993 a 1998 que tenemos se da a conocer que se utilizó una sustancia sintética blanca que se parece mucho a los espermatozoides. Si quiere más información yo se la haré llegar. No me busque”.
Inexplicablemente los dos corrieron con bastante suerte. El policía es subprocurador de la PGJE y la reportera directora de comunicación social del gobierno del estado.
Ambos viven en lujosas residencias que no soñaron tener.
Que casualidad.


*Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Esto es sólo un cuento (eso aparenta).

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