viernes, septiembre 10, 2004

Algunos recuerdos de Laesta

Algunas anécdotas de 'El Lobo', Zerk y Santana


Antonio Flores Schroeder
Ahora con la próxima lectura de los exmiembros de Laesta, regresaron a mi sucia mente algunas imágenes de ellos, recuerdos que me persiguen cada vez que ingreso a las inhabitables salas del Instituto Nacional de Bellas Artes, en Ciudad Juárez.
Uno de los escritores de ese taller (dirigido por el doctor JMGG), además de haber sido mi compañero, es Mauricio Rodríguez, es decir el buen Zerk.
Desde mi particular punto de vista, es uno de los mejores poetas de la ciudad del burrito y la violencia.
Una de las anécdotas que más risa me provoca es una de sus angustiosas manías.
A Zerk le gustaba hace algunos años -no sé si todavía- repetir sílabas, expresiones en un tono de locura pasajera que quedaban grabadas de sus entrevistas.
Por ejemplo, si alguien se reía de fea manera, lo repetía una y otra vez y entonces era la redacción un pequeño manicomio. Risas por aquí, risas por allá.
Sus enseñansas en el taller literario eran sobre todo constructivas, criticaba sin criticar.

De Jorge López Landó recuerdo su gusto indomable por Star Wars y el buen rock. "El Lobo", aunque nunca lo conocí a fondo es una buena persona.
Tiene versos interesantes y aunque no ha publicado un libro, su calidad literaria es inobjetable.
No me gustaba -lo confienzo ahora- cuando leía mis textos en la sesiones y tocaba su turno en las críticas.
"Puta madre". La expresión se quedaba atorada en las entrañas.
Sus palabras eran versos terrorificos a la hora de señalar los extravíos en lo que solíamos caer.
Le aprendí la cordura y el gusto por la ciencia ficción.
Jorge, convertido con los años en padre de familia, lleva un niño en su interior, pero ay de ustedes que lo hagan enojar. Es un demonio.

Del señor Juan Pablo Santana qué más puedo decir. No sólo es buena persona sino que el 'poeta blando' no escribe en su blog.
A mi me relajaba mucho cuando le tocaba dar su punto de vista sobre mi texto.
Era el más piadoso y solía reconstruir mejores oraciones, con las mismas palabras que uno había edificado poemas, versos o historias de segunda clase.
La anécdota que más recuerdo de él, es el día de la gran borrachera en su depa, en la cual se encontraba Zerk. (Manejar en sentido contrario por una de las avenidas más transitadas de Ciudad Juárez no cualquiera lo hace).
Eran buenos tiempos. De eso no hay duda.

El taller de Laesta construyó varias historias.
No recuerdo a ciencia cierta si fue el primer día de sesiones, pero una jovencita que acudió con un texto un sábado de esos, no regresó.
En su creación incurrió en un error gravísimo, en donde en lugar de escribir 'corazón' dibujó un 'corazoncito'.
Varios de nosotros no reímos hasta que el estómago se cansó y alguien le dio una lección de la que hasta ahora -estoy seguro- no se ha olvidado.
Laesta era un grupo unido no sólo en las letras sino en las borracheras. También dejó algunos fantasmas que hasta la fecha no he podido ver desde esos años. Lluvia, Carolina, Daniel y Sergio, algunos de ellos.







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