lunes, agosto 02, 2004

Nogales


Ciudad de cerros
putas (y putos)
que pasean en la Obregón
banquetas sucias, pasos a medias.

Diez calles, no sé cuántas.
Anticultura y sangre,
niños con mota en un taxi.
La pobreza baja por la
Héroes y regresa en la Colosio,
esto es lo que he aprendido
a ver con mi linterna a oscuras.

Los bares y cuevas
hospedan un grito, un dolor
(ahora todos se pueden ir
a dormir, cada quien su cuento:
mil mentiras más en los periódicos).

Al despetar es necesario
a Nogales un cuento de capos sinaloenses,
una luz innecesaria sobre la mano de la miseria.

Antes de que anochezca
una barda de lámina cae.
Recuerdos en cruces
que ignoran fronteras.
Aquí los narcos rifan (también controlan)
números circenses con policías.

Sale el sol en agosto
y los arroyos pavimentados
se llevan la familia
al embovedado,
(dicen que la muerte
viene desde Arizona).

Ejemplo para guerras futuras.
Ahora las maquiladoras a medias
esperan una luna sin cerveza.



Antonio Flores Schroeder


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