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jueves, agosto 12, 2004

Fantasmas

Por Antonio Flores Schroeder
Al principio, cuando tenía el arma en mis manos, llegaba un olor a sangre con los gritos del viento que entraban por la ventana de la cocina. Sin luz y con el temor a cuestas repasaba las órdenes, los planes.
Limpiar las balas con la tela y un poco de cera se convirtió en una obsesión. La vela servía como un ritual al proyectar mis manos y la pistola sobre la pared.
Mariposas fantasmas se dispersaban por etapas hacia un lado, luego al otro.
Las fotografías eran un escondite para ocultarme de la policía que rodeaba el departamento, por eso la cama, por esos las palabras violentas escritas a mano en hojas de máquina.
Después del primer tiro contra aquel político escondimos los ideales por un tiempo, en la lejanía de la sierra chihuahuense, donde la montaña y la pobreza se convirtieron en los cimientos de la cultura tarahumara.
Por las tardes recuerdo la ciudad, sobre todo cuando sobrevuelan los helicópteros cerca del campamento.
Cada vez que limpio la pistola pienso en regresar y cobrar la vida de los compañeros muertos con los ataques del gobierno.
Espero la hora.

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