miércoles, agosto 25, 2004

Ana Guevara y la necesidad de los mexicanos


Antonio Flores Schroeder
Monterrey.-Los deportistas mexicanos que han participado en la olimpiadas de Atenas, en especial la velocista Ana Guevara, nos han dejado varias enseñanzas.
Las más importantes de ellas son la sobrestimulación de la esperanza por parte de las televisoras hacia sus televidentes y la voracidad que éstas han dejado mostrar para rescatar la inversión publicitaria que hicieron sus patrocinadores.
Los medios de comunicación centralizaron la imagen en la sonorense para explotar muy bien la necesidad que tienen los mexicanos de ilusionarse, de construir castillos en el aire, ante la ausencia de líderes genuinos.
Los comentaristas lograron paralizar a un país durante 50 segundos y causaron una sensación entre los televidentes de que la medalla de plata había sido un fracaso, aunque para remediar su error insistieron durante horas en que el resultado de la carrera de 400 metros femenil, había sido un éxito para la nogalense.
Lo que más me parece reprobable de este hecho es que se haya dejado a un segundo plano la presea de plata, aunque fuera prueba de exhibición, del paralímpico Saúl Mendoza.
Esto es muy peligroso. Las televisoras en México pueden hacer y deshacer a una persona y entidad política en cuestión de segundos.
Ya lo hemos visto con la selección mexicana de futbol. El caos y los excesos en que incurren los aficionados, por ejemplo en una victoria en un juego oficial de quienes no han alcanzado más allá de un sexto lugar en un Mundial, son producto de los éxitos mediáticos que se fabrican en esta nación a tráves de la pantalla. Y eso no puede continuar así.
Me viene a la memoria la derrota en el pasado mundial de la selección frente a Estados Unidos. En Ciudad Juárez, la tierra de mis anhelos, los puentes internacionales se vieron abarrotados por enfermos mentales una vez terminados los noventa minutos reglamentarios. La presencia de los fanáticos pudo haber llegado a un problema internacional. Aproximadamente 100 autos fueron dañados por los juarenses, luego de que enardecidos arrojaran piedras contra los norteamenricanos. El hecho fue a parar a nivel internacional luego de que Associated Press distribuyera fotografías de una paseña lesionada antes de ser subida en una camilla en una ambulancia.
Durante el juego y después de cada uno de los goles que vapulearon la esperanza creada por las televisoras de que México podía llegar a la final de futbol, los comentaristas y narradores de Televisa y Televisión Azteca hicieron sentir a los mexicanos como si Estados Unidos hubiese invadido territorio azteca.Ese son el tipo de cosas que promueven indirectamente las televisoras con la creación de esperanzas.
Los deportistas no van a salvar al país de su tragedia. La realidad es que la pobreza y la crisis política y económica que actualmente se viven, no puedenser rescatadas ni siquiera aunque México ganara 30 medallas de oro. Las cosas no son así.
Por otra parte la política deportiva que se ha venido practicando en los últimos sexenios ha sido aberrante.
Cómo es posible que muchos atletas se tengan que costear su viaje a una olimpiada.
Pero eso sí, el Presidente y su esposa, se publicitan y quiren aparentar cosas que no son.
Muy bien se ve el Ejecutivo centrando las esperanzas de un triunfo en un a sólo deportista de decenas que participaron en Atenas, la verdad, causando sólo lástima.
El Comité Olímpico Mexicano y la Comisión Nacional del Deporte deberían de ponerse a pensar en serio lo que está sucediendo en el territorio nacional con el deporte, pero si quieren seguir en ese rumbo, donde las televisoras hacen lo que les da la gana, no reflexionen, y sigan mandando atletas a las olimpiadas como en el caso de la gimnasta que se le lesionó, con cuerpos similares a las de una mujer gustosa de la comida mexicana... pero preparada con manteca.
Nos vemos.

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