martes, mayo 18, 2004

Muchos de ustedes dirán quién es Baboriny y quién Ambla Sa Sambla. La verdad es que si explicara lo que sucede, no me iban a creer, así que dejemos que estos dos personajes sigan versando sobre realidades apartes -aunque a veces tienen tanta similitud con la realidad a la que nos enfrentamos diariamente-, dejemos que hablen de las guerras que ocultan cada uno desde su trinchera, desde su mundo, ese mundo que es el nuestro, al final de cuentas.
Algún día, estoy seguro, verán la recopilación de cartas de estos personajes lejos uno del otro. La historia apenas comienza...
En esta parte Ambla vuelve a escribirle desde algún punto del Norte de México a Baboriny:


(Cartas del reinicio de la guerra) Las calabazas de Arnulfo

Mi siempre entrañable Baboriny:

Te comento las últimas nuevas de la jornada: Arnulfo
le pegó al teniente Gillard y terminó malherido, ya
vez que él siempre fue de esos hombres que se matan
pecho a pecho y terminó defendiendo los que creía sus
derechos, pero también hay que tomar en cuenta que hay
perros que ladran y nadie sabe lo que dicen hasta que
muerden.
¿Recuerdas que al muy estúpido de Arnulfo le dio por ir
plantando flores mientras permaneciamos en el área de
combate? Esa afición nos metió en problemas
porque cuando todos creíamos que había sembrado un
poco de la adormidera para relajarnos en los tiempos
de furia y nada, que eran calabazas que ¡crecieron en
dimensiones gigantescas!
Afortunadamente Eleodoro, fecundo en ardides, tuvo a
bien una treta para con el enemigo: bajó los enormes
sembradíos encendió unas piras y justo cuando se
acercaba el pelotón antegónico, comenzó a aventar
cuetes de los que le quedaron de la kermese de San
Jacinto y las calabazas estallaron sepultando al
escuadrón que venía decidido a eliminarnos.
Por fortuna, la calabaza se coció tan bien, que nos
sirvió como alimento hasta que el buen Gabriel García
Márquez -que dejó el carrito de paletas, por un
triciclo con tacos sudados- pasó por el perímetro y
nos abasteció de tragadera.
A tiempos más tranquilos he podido volver a casa,
donde todavía guardo en la cava tres botellas de vino
oscuro del que tanto te gusta, espero que a tu regreso
a la zona donde ahora realizas implantes de pestañas a
las hormigas, te des un tiempo para libar recordando
las viejas historias.
Cuídate siempre y no la espalda, sino de quien no te
vea de frente. Un abrazo.

Ambla Sa Sambla
Rancho Los Tres Florines, al Norte de México.

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