Barra de video

Loading...

jueves, mayo 13, 2004

(Las cartas del reinicio de la guerra) El ojo de la mano

Estimando Ambla, creo que la reciprocidad de la angustia es lastimera en nosotros, sobre todo, después de un año plagado de incertidumbres o sorpresas anunciadas por el gobierno, por el Rey de la Asamblea o como dices tu y reniego yo: pudiera ser que la confabulación de la policía secreta mermara nuestra comunicación. Total.
En Zimbawe la locura es serena El sacrificio de pasar horas enteras sin todos ustedes me ha hecho pensar en tantas cosas: en el vuelo de las palomas cuando vimos a García Márquez con su carrito de paletas, el maniquí de un nombre que gritabas al pasar siempre por la boutique de San Lorenzo, allá en la ciudad oscura; cuando dormiste debajo de un camión después de una sacra borrachera; los días de París junto al robot de lentes biónicos, tantas cosas como el asalto al banco de la avenida Morelia, debes recordarlo.
He pensado en volver y en quedarme y ese ha sido el dilema. Cada mañana cuando salgo a correr al techo de mi departamento, pienso en esos artistas que dicen ser de metal cuando no han fecundado mas que decenas de letras frías patrocinadas por los jefes del cielo.
Estamos acá, en este lado de Africa, fabricando un abanico de dimensiones hasta ahora desconocidas por los occidentales. En mente está evitar que las posibilidades se nublen y que la amistad entre los pueblos no esté controlada por el mundo de las hormigas, quizá tanto como la de La Risa o El Punto.
He caminado por las tinieblas y he visto la maldad en los seres del bajo mundo, los dueños de la máquina de hacer palabras, como una vez nos dijo el doctor Tzotlitl: era verdad. He visto que el poder emana de la fábrica que mandaste a construir para fabricar bombas y te podría asegurar que me han robado mucho dinero, creo que hasta estoy secuestrado.
Los elefantes que guardé desde mi partida, escaparon por un hoyo en la pared del patrio trasero. Qué tristeza esta que te cuento hermano y pensar que ambos iniciamos la guerra juntos a un lado de la fuente, esa que estaba a un lado de la iglesia.
Pronto iré en el avión a la vuelta de la esquina, creo haber encontrado el boleto de retorno. En cinco meses nos vemos las caras, compré un nuevo ojo pero a pesar de que he debatido horas, días, semanas con Parménides, no estoy seguro de instalarlo en mi mano.


Desde la ciudad perdida, Baboriny

No hay comentarios.: