viernes, mayo 28, 2004

El Triangulo

Capitulo I (3)


Antonio Flores Schroeder
Un día Oriana me dijo: "Parece que todas las vidas necesitarían una ventana a la calle 16, un cerrar de cortinas y un toque en la puerta. Y tú abriste ese hueco necesario entre este y aquel lado, la puerta por donde paso para llegar a tu espacio"
Desde el otro lado yo me enfrascaba en discusiones que sustituían a la realidad por las invenciones acordadas entre ella, a larga distancia, y yo, de este lado donde veneraba su imagen.
Me acordaba de ir al rogatorio y digamos, por decirlo, daban ganas de ir a la vecindad, de marchar a Samalayuca y observar a Jesucristo entre la noche que se arrastraba y el sol que no era, porque aquellas eran historias increíbles como que las llantas del carro de El Betote se quedaran sin avanzar en la arena, dormidas, y caminar durante la noche hasta El Millón para encontrar ayuda.
El lamentable esfuerzo por guardar silencio e interrogar a los demás acerca de lo que nos esperaba era a veces imposible. Y coincidencia ver a Lluvia en una gasolinera, casada, divorciada, protestante con su Biblia en la mano sin ilusiones, casi era la respuesta a tan angustiante deliberación del ir y venir, de Juárez a Nogales, de Nogales al punto de partida.



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